
(Nota de la redacción: el portal El Extremo Sur, el sitio Prosa Urgente y otras coberturas periodísticas pueden servir a la hora de buscar datos y análisis. En las redes sociales en donde habitan las operaciones podrán desmenuzar cómo separar la paja del trigo. Aquí va, simplemente, un senti-pensamiento en voz alta)
El sol del viernes dejó las sombras al descubierto. Cinco mil trabajadores caminando desde el ministerio de economía hasta la casa de gobierno. Algo menos de aquéllos 20 mil pares de piernas que hicieron el mismo trazado, también bajo un febo ardiente, dos años atrás.
Quienes son más grandes, poseen buena memoria o han leído la historia reciente de la provincia, hicieron rápidamente una analogía: «Chubutazo», como consigna callejera. «Chubutazo» como título de diarios, portales y redes sociales.
Finalizaban los 80 cuando Néstor Perl se quedó con la gobernación, tras el regreso a la democracia, sucediendo a Atilio Viglione: una estampida de estatales obligó a quien había diseñado la ley del divorcio, en su paso por el Congreso, a renunciar para que asumiese Cosentino.
Como la historia y su perpetuo deja vú -loop, dirían hoy- jóvenes de esos tiempos son parte de la dirigencia en la actualidad. Entre leyendas y crónicas guardadas se rememora a un ex diputado provincial blandiendo un arma y a un operador permanente llevándose la veleta de los puntos cardinales.
Brújula
El gallito abrazado al norte, sur, este y oeste, un souvenir y un símbolo. Después, 12 años de radicalismo, 8 de Das Neves -con mucho peronismo jugando a perdedor-, 4 de Buzzi que le adosan en diversas proporciones al caudillo bonaerense-trelewense y al último gobierno de Cristina; los últimos cuatro entre un Das Neves ya enfermo y Arcioni, su vice que nadie tenía en los planes.
Esos nombres que se repiten han ocupado bancas en la legislatura provincial, escaños en Buenos Aires, oficinas a nivel nacional e intercalaron su rol privado con el público sin saber, muchas veces, en cuáles son más exitosos (si por éxito se entiende una balanza comercial).
¿Qué pasó en 3 décadas? Como en el resto del país se forjaron organizaciones sociales, se fundieron bancos y se cobraron papeles como en el juego del «estanciero». Hubo juicios a funcionarios públicos, también sentencias: penas cumplidas y algunas a mitad de camino. Sentencias que les cupo, además, a los «privados» que reciben información de privilegio. Nacieron sindicatos -escindidos de gremios añejos-, recuperaron afiliadas y afiliados, otros, al son de la dinámica política, se habló de «revolución productiva», se alinearon a Buenos Aires o quedaron a contra mano, se regalaron los recursos y se perdió soberanía a tal punto que para ingresar -con suerte- en algunos espacios locales hay que hablar otros idiomas.
Surgieron nuevos nombres, nacidos en la despolitizada década del 90 del siglo pasado, provenientes de conducciones deportivas o de empresas. Faltó, quizás, para estar a tono con los Palito Ortega o los Miguel Del Sel, algún exponente de la farándula. Aunque en ese rubro un imitador y amenizador de reuniones sociales haya arañado la intendencia de la capital de Chubut.
Ahí, en donde se ubican los edificios que fueron tomados en 2018, en cuyas calles se vieron multitudes con pecheras multicolores, se oyeron repicar los bombos y las trompetas asomaron como nuevo instrumento en cada convocatoria.
El resumen no puede ser lineal ni la historia nos muestra una cara. Ni la política es redonda como la tierra con perdón de los terraplanistas. Tampoco somos iguales, en nuestra diaria, con el paso del tiempo.
2020, odisea en el (los) espacio (s)
El mundo es otro y hubo quienes predijeron que el final de la especie humana, una rara especie parece, puede extinguirse como cuando nos enseñaban en la escuela sobre las viejas eras.
Desde allí que inmiscuirse en el vértigo de la velocidad de estos tiempos es un camino peligroso. Quienes más «sepan» sabrán explicarlo desde la física cuántica o la realidad líquida o desde alguna teoría reciclada en la «era de la boludez» como dicen Mollo y compañía.
Intentar entender qué pasa en Chubut, una provincia rica con baja densidad demográfica, sería recalcar frases tan hechas como marchitas. Y en honor a quien escribió las «crónicas del gran bonete» en el diario Jornada, ¿pues entonces quién lo tiene? ¿yo, señor? No, señor.
¿Qué pedacito o trozo nos toca de esta odisea?
¿Cómo distinguir en qué consisten las alianzas, cada vez más frágiles, dentro del cuerpo social? ¿Es por clases -si es que se puede seguir dividiendo de esa forma? Si es por clases, ¿será como el pago escalonado que comenzó con 3 rangos y ahora son 5 o 6? ¿Es partidaria? ¿Lo es por «ismos», tan efímeros como el poder de los vínculos pre-electorales? ¿Capitalismo versus capitalismo moderno? ¿Qué sería el capitalismo moderno? ¿O versus un capitalismo más humanizado? ¿Puede hablarse de capitalismo humanizado? ¿Es regional porque somos los capos de la cuadra?
…
Gobiernos que nos empujan al caos. Pero los volvemos a elegir. ¡Con un año de diferencia! Votos que suma un acompañante de fórmula -¿nada les reclaman sus electores?- que hace la gran «Chacho Alvarez» pero no del todo porque el sillón está cerca. Como lo estuvo para Cosentino y para los que se les caía en la baba que cayeron en la trampa de la ley de lemas.
Curioso, ¿no? Porque se dice hecha la ley, hecha la trampa.
Y son frutos de los árboles de los viejos zorros.
Decir que Arcioni no puede conducir podría repetirlo hasta un marciano que escondido en algún campo en donde se esconde la luz mala.
¿Basta con decir basta?
¿Cómo se canaliza el dolor social, cómo se cuentan las muertes que no coinciden con los certificados de defunción, de qué manera se conduce esa marea que se replica en reuniones masivas?
¿Sirve el ejemplo de Chile? ¿O la idiosincrasia juega su juego y es imposible comparar?
¿Los aires de la bella Trevelin traerán soluciones en la rosca de quienes manejan el termómetro del peronismo?
Invictos, quizás, se miraran a la cara y se cagarán de risa como cuando pasamos del «fraude, fraude» de 2011 a barajar y dar de nuevo. O realizarán alguna chanza de esas que se cuentan en los bares.
Pero no tienen la chispa ni la sensibilidad del Negro Fontanarrosa.
No es el bar «El Cairo» aunque muchos se sientan en la antigua Egipto.
El fútbol, ese espejo
Te puede gustar más o menos, o insistir como Sebrelli que en sus últimas palabras dirá: «Son 22 idiotas alrededor de una pelota». Pero descartar al fútbol como pulso sociológico es de una miopía que no se soluciona con lentes.
Hace una semana jugaron Germinal-La Ribera, un clásico que se hizo más clásico con el correr de los partidos y de eso que llaman éxito -lease resultados-. Podría ser cualquier otro ejemplo. Madryn y Brown estuvieron años sin poder jugar en esta ciudad porque nadie daba garantías.
El encuentro entre verdiblancos y canarios es una parábola de nuestros días.
Se juega sin hinchada visitante, un extraño «logro» que supimos conseguir. Caen bengalas de la única parcialidad. El arquero del conjunto que hace de huésped se aleja. Los jugadores dueños de casa patean las bengalas y no es para entrar en calor. Gol de los que se apiñan entre ellos porque no hay a que masa dedicárselo. Mejora el local y hay un tiro libre cerca del área rival. Se huele el empate pero en vez de aliento caen proyectiles. Uno de ellos impacta en el 5 de la visita. Para sus compañeros es un golpe mortal. Para los adversarios, no es nada. La policía vestida de «robocops» recién ahí caminan cerca del alambrado de la tribuna poblada. El árbitro que duda. Ingresa un médico y los plateístas se ríen. ¿Este es médico? El hombre, bajito y en bermudas queda de frente al lesionado. Le hace las pruebas de los reflejos. El 5 parece bailar una coreografía de «Piñón fijo». Se toca la nariz y se ríe. El médico levanta el pulgar y los visitantes se van al humo. Parece que no quieren seguir.¿Deben seguir? Los locales que aúllan. El partido sigue con la policía cerca de los banderines. El referí expulsa al técnico anfitrión. El «deté» se cae al piso y el juez se toca la frente. ¡Se pegaron un mutuo cabezazo! El primer tiempo dura una hora. Se va la terna. La platea, el sector «civilizado» tira hasta con lo que le falta. Empieza el segundo tiempo. Gol de la visita. Otro proyectil. Alcanza al 10. Se repite la palabra garantía. Se termina. Unos se abrazan, otros putean, hay nervios como otras dosis de tristeza.
La misma pena que dejan las sombras una mañana de marzo.
A pesar de Galeano que escribió zurciendo el fútbol con la historia contemporánea una de sus tantas bellezas combinando esas palabras.
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