La usina cultural se llenó de (c)Karamelo(s)

Una versión de “no te preocupes” marca Bob Marley fue el inicio de todo: la voz, hecha cadencia, de Goy; trazó el punto de partida para una noche que, en realidad, había comenzado con los saltos del “Poolpito” Catrimán, líder de El Almirante Brownie y la Fractal Band.

A esa despreocupada canción del comienzo le siguieron 32 temas más que hicieron las delicias de las aproximadamente trescientas personas que colmaron la Usina Cultural: luego, por orden de aparición, fue el turno de “Angelito”, “Nunca”, “Gran Poder” y “Luna loca”, algunos de los clásicos de la formación que lleva un cuarto de siglo rodando entre los escenarios de Europa y de América tal cual nos contaban, en el programa “Efecto Namuncurá”, el viernes por la tarde algunos de sus integrantes. El quinto tema, “El Baile oficial”, hizo saltar a los presentes que, ya a esa altura, llevaban tres horas a pura música con las presentaciones de los madrynenses “El Almirante Brownie”, “Meta mate” y la comparsa “Ritmo Show”;previamente.

Diga 33.”Tocamos 33 canciones”, dijo Goy después de un extenso set que incluyó canciones nuevas e históricas. La gente, respondió.

“Nos gusta tocar acá. Pudimos recorrer la fundación y darnos cuenta el trabajo que hacen”, dijo al final de la velada Goy Ogalde, el líder de Karamelo(se hizo tiempo y gustoso para grabar a los números previos a su formación) que tuvo tiempo para dedicarle una canción a los nacidos en Mendoza que, orgullosamente, dijeron presente en la noche de viernes.

No faltaron ni el acordeón ni las trompetas para hacer sentir el viento, y los vientos, de la banda que tiene entre sí, varios hitos, como que sus canciones salieron entre las mas votadas de la historia mendocina, o el cetro de disco de oro por el DVD “El Baile Oficial” cuyo tema fue interpretado antes de las conocidas “Hermandad”, “”Fruta amarga” y “Vivo en una isla” que antecedieron a otros temas conocidos mientras el grupo macera el nuevo trabajo discográfico que sonó en canciones como “Gran poder”.

El mismo poder que demostraron mientras, adentro y afuera, la gente disfrutaba, como habitualmente, en la Usina Cultural (en donde no falta la pantalla en exteriores) que permite al público degustar de las pizzas y empanadas del taller de cocina, mientras llegan las imágenes que graban desde las cámaras los “pibes” del taller de video.

De lo nuestro, lo mejor

Alejandra Bidonde, se estira cuanto le permite la flauta plateada y encabeza una deliciosa versión de “Baila Baila”, esa misma melodía que suele proyectarse en la pantalla gigante, con la marca original de Arbolito que pasó en dos ocasiones por festivales organizados por la Fundación Ceferino Namuncurá, en 2012 y en 2015: a la piba la acompañan Mariano González-uno de los promotores más conspicuos de la movida murguera en Puerto Madryn- en guitarra y en voz, Martín Zamero, en bajo, Matías Cointi en batería, “Sady” Urrutia e Iñaki Ñuño, en saxo y Luciano Coppi en percusión. Metieron todo, los Meta-mate.

Números. Las acrobacias en las telas y la música de “Meta Mate”, “El Almirante Brownie y la Fractal Band” y la comparsa “Rirmo Show” formaron parte, también, de la velada.

Antes de “baila baila”, sonó “tamborero” y más tarde apareció el corte de la formación, “Huguito”, “A veces”, “Circo loco”, “Mentira”, “Llorarás”, “Bonito”, y entre medio una tremenda versión de la discepoliana “Chorra”.

Previamente Poolpito Catrimán, en voz, Juan Cruces(percusión), Leandro Pizzetti(bajo), Federico Bermúdez e Iñaki Ñuño en saxo, Pablo Vera(trompeta), Leandro Versace (guitarra) y Mateo Goretta(batería), le dieron forma a la función con un set que duró cuarenta y cinco minutos entre canciones propias y algunos covers: así formaron y sonaron los del Almirante Brownie.

El cambio de aire estuvo a cargo de la comparsa “Ritmo Show” que le dieron vida durante quince minutos a un impresionante show con ritmo entre silbatos, bombos, zurdos y redoblantes: la mirada de Morris Jaramillo, hijo de Beto-dueño de una sonrisa pícara, como siempre-, bastaba para hacerlos correr, a los muchachos, de izquierda a derecha y viceversa.

Y en ese devenir, íbamos todos.

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