Paradojas

La reciente visita de Vicente Barros, científico argentino, que vivió en Puerto Madryn en los setenta y alertó sobre el efecto contaminante del fluoruro que emitía la empresa Aluar, no pasó inadvertida. Entrevistado por la prensa local sobre el cambio climático, le contó a Fundación Ceferino Namuncurá sobre aquéllos años en la ciudad. También fue visitado por estudiantes del mundo de la ciencia y departió entre amigos anécdotas de su estadía en la localidad del Golfo, sitio al que no venía desde hacía quince años. Una de las actividades realizadas fue la de brindar una charla en el Centro Nacional Patgónico, en el auditorium que lleva el nombre de José «lobo» Orensanz desde el 18 de diciembre de 2015. En una carta pública dedicada a la comunidad de la ciudad, Marcela Pascual, compañera del «Lobo», relató aspectos de la vida institucional de Barros al frente del Cenpat durante la dictadura militar y qué relación le cupo con Orensanz quien debió exiliarse en México en esa época.

La carta

El 20 de septiembre pasado el Dr. Vicente Barros, meteorólogo argentino de gran prestigio, fue homenajeado con un presente en el Auditorio Lobo Orensanz del CENPAT donde, previamente,dictó una conferencia.

Este hecho me ha generado estupor porla inmensa paradoja que implica y me ha decidido a dirigirme a ustedes a fin de
relatar hechos que supongo que la mayoría de los jóvenes ignoran y la mayoría de los mayores quisiéramos olvidar… Esos hechos, que es mi intención trasmitir con el respeto que merecen, tienen que ver con etapas profundamente desgarradoras que son parte de la historia del querido CENPAT y de otras instituciones científicas de nuestro país.

A posteriori del golpe cívico-militar de 1976, la comunidad científica fue blanco de golpes certeros en las personas de aquellos que habían sido identificados como subversivos, agitadores de izquierda, innovadores molestos, etc. Este proceso en realidad ya había comenzado en la triste noche de los bastones largos, una década
antes.

En el caso del CENPAT la historia no fue menos traumática. El entonces “CNP”, creado en 1970 por el Presidente de facto Gral. Onganía, dependía desd197e su creación de la Comisión Nacional de
Estudios Geo-Heliofísicos. En 1976 el Director del Centro, Dr. Mariano Pizarro junto al vice-director Sr. Jorge Velazco Suárez tomaron la iniciativa de
embarcarse en la preparación de un mega-proyecto institucional para ser presentado al BID. En este proyecto trabajaron muchos de los investigadores y personal administrativo del Centro, varios de los cuales habían arribado al CNP tras la díáspora inducida por sucesivas persecuciones desde universidades y centros del norte del país.

En el año 1977, el Dr. Raúl Ringuelet asumió como interventor de la Comisión de Estudios Geo-Heliofísicos, con la misión de “regularizar” el CNP y eliminar de su plantel a los grupos de trabajo
que se percibían como pensadores de izquierda. El Dr. Vicente Barros, designado Director interino (1977 al 79), fue el encargado de llevar a cabo esta tarea. Sin dilaciones se produjo el triste y desgarrador drenaje de personal leal a la gestión del Dr. Pizarro, investigadores, administradores y también becarios, algunos potenciales y en
lista de ingreso (entre los que me incluyo). Sin embargo, el trabajo comandado por Pizarro y el equipo de investigadores, muchos de los cuales perdieron sus trabajos bajo la Dirección del Dr. Vicente Barros, redundó en el beneficio del proyecto BID que incluyó la construcción del nuevo edificio, infraestructura,
equipamiento, vehículos, becas, etc.

José María LOBO Orensanz y su familia, luego de que se les suspendieran sus contratos, se marcharon a Méjico y luego a strong>Estados Unidos. Desde todos los lugares que Lobo ocupó hasta su regreso a Argentina en el año 2000, y por supuesto después, siempre siguió
trabajando para nuestro país, siempre con el corazón y la mente puestos en la Patagonia. Su trabajo benefició y jerarquizó a personas e instituciones: todo lo que yo pueda decir ya ha sido dicho, por lo que no voy a repetirlo. No hace falta. Lobo vivirá siempre en la memoria de quienes lo amamos y respetamos y en el trabajo académico de tantos otros que llegarán a trabajar en las ciencias del mar. Actualmente, en otro momento de la historia,
los jóvenes investigadores contarán con una generación de maestros a diferencia de nuestra generación cuya cabeza académica fue desmantelada.

Mi mensaje no es una tarea grata,aunque para mí es obligatoria. Porque hoy, cuando aparentemente no hay casi discrepancias con respecto a rescatar la memoria y generar actos de justicia y reparación, es necesario recordar la historia de nuestras instituciones, las que -sin excepción- han albergado valientes y a cobardes….
Detrás de las paradojas siempre hay hechos reales que explican cómo fueron las cosas.

“Pasado que no ha sido amansado con
palabras no es memoria, es acechanza…» L. Restrepo

Marcela S. Pascual

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