
Mervin Evans debió recurrir al ingenio y añejas recetas para revertir la situación económica producto de la pandemia. Amante de la historia de los molinos, posee uno de los clásicos encuentros con el turismo en la coqueta localidad cordillerana. Fue así que el gigante, musa inspiradora de don Cervantes Saavedra para su «quijote de la mancha», volvió a ponerse en marcha para transformarse en una pieza antigua en una indispensable máquina productora de harina integral.
«El molino nació en 1996. La construcción comenzó en el 94. En los sesenta mi padre compró un campo que tenía un molino de los años 30: ese era mi lugar de juegos, muy mágico», cuenta Mervin.
«Comencé a investigar el tema y pensé que lindo sería que hubiese algún molino en la zona. Después de un viaje a Puerto Montt observé como allá los mantenían. Entendí que dependía de mi voluntad y compré unas muelas al hijo de un lituano, constructor de los antiguos molinos», recuerda Evans quien vuelve al 2020: «Antes de la pandemia me gasté unos buenos mangos para mejorar el molino y ofrecerle algo más al turista. Obviamente no ingresó nadie por la emergencia sanitaria. Se me encendió la lámpara y comenzamos a producir harina integral gracias a la colaboración, también, de la secretaría de turismo de Trevelin que gestionó los permisos para poder llevar la mercadería a Esquel. Además conmigo participa una persona que de esa manera puede tener una fuente de ingreso», amplía.
En una conversación con www.lanamunkura.com, Evans también se refirió a otra de sus pasiones: las construcciones de aviones y la creación de un grupo que no reconoce frontera, salvo algunos límites auto-impuestos: «Entre nosotros hay 3 cosas de las que no se puede hablar, y ellas son la política, la religión y el fútbol», cuenta mientras con una pasmosa serenidad recuerda cómo en uno de los vuelos se estrelló pero aún la sigue contando.
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