Graciela González|pedagoga: “la escuela de la fundación es del siglo XXI”

Nacida en Monte Maíz, Córdoba, Graciela González llegó a Puerto Madryn siendo una joven docente. Al tiempo que trabajaba en escuelas de la ciudad, comenzó a participar de la experiencia de investigación educativa en poblaciones marginalizadas. Integrante del grupo inicial de la segunda etapa de la fundación Ceferino Namuncurá -la misma funcionaba en un “quincho” de la Loma Blanca-, “Chely”, tal como se la conoce, elaboró junto a profesionales de diversas aristas el proyecto educativo integral (PEI) del establecimiento escolar basado, no solamente en autores conocidos sino también, en la experiencia recogida en el terreno.

Compañera de Carlos Merino, presidente de la fundación Ceferino durante 30 años, a quien conoció en el club universitario de Bahía Blanca; nos ofrece una mirada familiar, política y educativa. Que bien podría sintetizarse en una misma fórmula.

“Mis abuelos italianos -piamonteses- se afincaron en Monte Máiz, al sur de Córdoba en el límite con Santa Fé. Mi mamá nació ahí mientras que mi papá nació en Orense. De parte materna bajaba la rama radical y del lado paterno, conservador”, dice Chely en radio escuela Namunkurá.

El hilo (propio) familiar nos atraviesa en la historia. Y en la profesión de su padre encontramos un momento candente de la actualidad: “Mi papá estudia como perito mercantil de granos (trabajaba en la empresa Bunge y Born) hasta que llega a Monte Maíz por un trabajo en una estancia. Conoce a mi mamá y ya en familia empezamos a recorrer el país. Mi papá era el encargado de la junta nacional de granos. Lamentó mucho su cierre -N. de la R: la junta reguladora de granos nació en 1933 y cesó en 1991 cuando llegó Domingo Cavallo al gobierno de Menem. Durante el gobierno de Juan Perón se tranformó en el IAPI-, aunque en su gobierno, Perón trabaja con un grupo de jóvenes recibidores de granos que comienzan a levantar los silos en las áreas cerealeras. En concordancia con la estatización de los ferrocarriles aumentaba la producción en los silos: mi papá desarrolló un método por el cual se alcanzaba una capacidad de 20 mil toneladas de trigo. También trabajaban de manera subterránea”, explica Graciela quien agrega que “las cooperativas se expandieron gracias a que los pequeños productores recibían el dinero en efectivo, a valor de la cotización del dólar, por parte de la junta de granos. Así podían aprovechar el “rinde” durante todo el año. Bahía Blanca, Necochea podían competir con las grandes cerealeras. Hoy, los pooles de siembra”.

Escuela, familia y creatividad: “Lautaro tenía 10 u 11 años y me ayudaba con las estrategias pedagógicas. Su pasión por la música, sumado a las canciones que le gustaban a Carlos y a mí; más la potencia que significa analizar el discurso a través de una película es algo que me gustaba llevar a las clases. Lautaro me ayudó a traducir la película de Pink Floyd y nos sirvió para comprender que no queríamos que fuese otro ladrillo en la pared. Que ese sentimiento que forjaba no fuese un martillo, sino -como dice Paulo Freire- a la libertad ponerla en verbo: liberación. Si a la libertad no se la convierte en acción, no tiene sentido. Queda en una mera palabra”, expresa.

En la página institucional www.fundacionceferino.org.ar se puede observar el contenido del PEI (proyecto educativo institucional) en el cual pueden encontrarse trabajos publicados, inclusive en el exterior, por parte de la pedagoga Graciela Gonzalez.

Pausa: Lautaro, el pibito de 11 años, cumplió 29. Recibido de músico-terapeuta agradeció a su mamá Graciela y a su papá Carlos el haberlo bancado. Sus hermanas, Carla y Luisina completan el grupo familiar/fundación. Carla es psicóloga, vive en México, pero trabajó ya recibida en donde -de niña- corría por un descampado, hoy transformado en un predio de 3 hectáreas (que cuenta con talleres de parquización,granja, huerta, herrería, carpintería, expresión, aula, construcción y comunicación) en el barrio América de Puerto Madryn. Luisina, abogada y actual vicepresidenta asumió ese rol tras el fallecimiento de Carlos, presidente de la organización durante 30 años.

LN:- Dicen que las clases que realizaban junto a Carlos, eran explosivas…

G.G:- Si vuelvo a nacer, elegiría nuevamente ser docente. Mi palabra que no sea un símbolo de verdad. Un docente sabe que construye con el otro. Si el alumno te da una respuesta con la que no estas de acuerdo pero está bien armada, hay que darle la posibilidad de decirle que está bien hecha. Me ha pasado de encontrarme con miradas de los pibes y decir, ¡qué maravilla!, quizás nunca lo hubiese observado así. Nuestra relación con Carlos siempre fue así, intensa. Tal vez nos gustaba un autor o no. O una mirada distinta entre los dos. Y ahí empezaban nuestros debates que comenzaban en el aula y continuaban en el almuerzo, en nuestra casa con nuestros hijos. Igualmente estaba acostumbrada. Con mi papá también se discutía fuertemente en lo intelectual. En el sentido intelectual de la discusión, del devenir, del discurrir. Pensar al otro y después acordar o no. Esa es la esencia de la discusión. Por qué algunos políticos no se permiten oír que “el rey está desnudo”. No digo que no me gusta tu traje, digo que estás desnudo. En nuestra provincia pasa eso. La nueva ministra habla de volver al aula, eso es lo más fácil. Ahora como reconstruís una escuela destruida, los docentes sin cobrar. Si así y todo no se dan cuenta que el rey está desnudo…

Escuelas del siglo XXI

“Morin (Edgar, francés) habla de una pedagogía del siglo XXI y creo que nuestras escuelas son del siglo XVIII; el resto son enunciados. No es por soberbia pero la escuela de la fundación -1737 de gestión social Cuota 0- es del siglo XXI. Es una escuela que contempla al ser humano con una currícula social y culturalmente pertinente. Es una propuesta pedagógica que no mide a partir del poder que da la nota. La escuela valora y tiene en cuenta el proceso enseñanza-aprendizaje. Es un ámbito que prepara para el aspecto científico pensando en lo universitario, y también para insertar a los jóvenes en el circuito del trabajo. Creo que la escuela tiene que ser así y que el chico vea que el docente no es el que tiene el poder. El docente tiene una parte pero el saber se construye. Por eso la importancia de dos o tres docentes trabajando al mismo tiempo. De esa forma el pibe se da cuenta que 1 docente no se las sabe todas y al docente le sirve porque está observado. Tiene la mirada del par y la mirada del pibe. Y ahí bajamos los decibeles de la soberbia y el poder. A la policía, como decía Mafalda le damos el palito para abollar ideas,¿ y al maestro? Había quienes corregían en rojo, verde y azul. En el boletín, en colorado te ponían un 1, un 2 o un 3. Mirá si a un hijo porque no camina en su primer año la mandas a repetir y que vuelva al vientre de la madre. Los procesos tienen que darse. De esta pandemia sacaremos muchos elementos de análisis del proceso de enseñanza-aprendizaje”, concluye Chely.

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