Hebe nos despabila, siempre

(Lautaro Merino, corresponsal, Buenos Aires)

Ronda de los jueves. No es una vuelta más. Como dirá luego, desde un escenario, todos los jueves son especiales. Éste, tal vez, más especial que ninguno. O que otros.Fueron cinco minutos. A la gente que sabe lo que dice, le bastan cinco minutos, para hablando de vuelta, sintetizar qué nos pasa, qué nos duele, qué nos angustia, o qué necesitamos para encontrar alguna respuesta. Bastardeada, nuevamente tratada de loca o desquiciada, en esto que se repiten los ciclos, le alcanzaron esos cinco minutos para que no sea un jueves más. Al margen de los protagonistas nombrados. Muchos de ellos, repetidos. Al margen de las elecciones. O no tanto, porque en las elecciones, y lo dice ella que, dueña de sus contradicciones, como todos, le pega al sistema, pero sabe que al sistema y a quienes lo componen hay que empujarlo. «Las cosas se cambian en las plazas y en las calles», dice y desde ahí llegará el empuje para obligar a los que deben tomar decisiones. O se piensan los hijos de puta como Baby Echecopar, y en él muchos que sienten como él que esta historia que tiran arriba de la mesa, de «Sueños Compartidos» y de sueños compartidos empezó en el 2003. O en el 2004 o en el 2005 porque fue la misma señora, hoy con casi noventa años que miraba de reojo al que miraba de reojo como miró de reojo a los que llegaron, antes, del 83 para acá, porque la cagaron. A ella y a las que como ellas, como dijo en la plaza, debajo del sol, arrinconada y golpeadas eran las únicas que buscaban respuestas. Se cumplieron 40 años de la primera ronda, de la primera vez que usaron los pañuelos en forma de pañal, o viceversa, en la Basílica de Luján y allí encaminadas mientras recibían el cuerpo de Cristo, hablaban de esos cuerpos que faltaban. Como falta el cuerpo del pibe por el que piden. O que existe un cuerpo que vuelve a ser mutilado, humillado, golpeado, asesinado, como el que yace en una camilla fría de la morgue de Esquel, o que se recuesta en otra lata en forma de cama, en la morgue de la Corte Suprema.

Jueves.«Todos los jueves son especiales», dijo Hebe. Aquí van imágenes de un jueves especial con la cobertura de Fundación Ceferino Namuncurá, a través de su corresponsal, Lautaro Merino González.

Como hace cuarenta años marcharon. Como hace cuarenta años piden por los suyos y piden por los otros. Y piden por nosotros. Sobretodo cuando nos miramos, desconcertados, sin saber para donde ir, sin saber quien es quien es quien, sin poder encontrar un segundo de tranquilidad entre tanta mierda.

Ahí está Hebe que en cinco minutos y con un poema nos despabila y aunque más no sea hasta el próximo cagazo nos mantendrá alertas y con los ojos bien abiertos.

Tan abiertos como los de ese pibe que sigue mirando desde la profundidad más profunda.

Allí donde los hijos de puta que sacan cuentas siguiendo el guión del titiritero de turno, no pueden mirar.

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