“Argentinazo” 2001| Qué pasaba en Puerto Madryn

Las imágenes nos atravesaban desde los televisores. Las cacerolas y los cantos “piquete y cacerola, la lucha es una sola”. Las mismas que sonaron en esos días de fines de 2001. Gustavo Antonetti, santafesino de nacimiento y madrynense por adopción, era funcionario del gobierno municipal y nos obsequia esta columna para www.lanamunkurá.com. Julio Aristarain se había impuesto en las elecciones de 1999. El mapa electoral le había quedado “cambiado”. Tanto a nivel nacional como provincial gobernaba la Alianza. Las relaciones con el gobernador José Lizurume no eran buenas.

(Por Gustavo Antonetti, secretario de gobierno de la municipalidad de Puerto Madryn en 2001)

Gustavo Antonetti. Fue funcionario en la primera gestión de Ricardo Sastre. También concejal tras la llegada de Néstor Kirchner al gobierno. Previamente, trabajó en el gabinete de Julio Aristarian en donde llegó a ser secretario de gobierno. En ese rol vivió y nos cuenta el diciembre de 2001.


“Tenía conocimiento que algo se estaba gestando. Una semana antes la información que llegaba desde Rosario, en donde se encuentran queridos compañeros de juventud, si bien no era del todo contundente; subterránea mente se intuía el estallido.
Mi preocupación, como secretario de gobierno era resguardar a los integrantes del gabinete que podían estar más expuestos. El tema es que en la ciudad no había demasiada información al punto que en los ámbitos de seguridad reinaba el desconcierto.
Con el correr de los días el mal clima se palpaba en los datos que nos llegaban desde Buenos Aires. Pese a eso, y conociendo la idiosincrasia de nuestra gente, no había indicios de desbordes en Puerto Madryn. La situación podía enmarcarse en una mayor conflictividad social que política.

Fue así así que coordinamos, desde la secretaria de Acción Social, un ordenado conteo de aquello que teníamos en recursos alimentarios y provisiones para contener la emergencia. Recién el 19 pudimos contar con dinero para realizar las compras de alimentos. El otro paso fundamental fue hablar con los responsables de los supermercados. Les aclaramos cómo se estaba gestando la protesta social y de qué manera podía repercutir en nuestra comunidad. Para mí sorpresa, me encontré con la negativa de todos, porque no coincidían con mí diagnóstico e inclusive quisimos comprarles la mercadería y nos la negaron, en una clara maniobra de especulación.

El 20 a la tarde habíamos hablado con todos los dirigentes barriales y ellos sentían mucha preocupación. La experiencia nos ponía de frente con la posibilidad del efecto contagio. Salvo excepciones, que no vienen al caso recordar, la mayoría colaboraron intensamente.

La idea era simple. Contener en cada barrio a la gente y equilibrar la ayuda desde el municipio para atravesar la crisis.

El envío que debía llegarnos desde el gobierno nacional nunca apareció, mientras que los supermercadistas seguían con su postura cerrada. Ahí sentí la incertidumbre que podíamos vivir algún desborde.
El 20 fue interminable. A la noche estábamos repartiendo víveres en cada barrio pero notábamos que los dirigentes de cada sector podía ser “pasado por arriba”.

El 21 ,temprano, ya sabíamos que había movimientos de gente cuya intención era ir a los supermercardos y a la municipalidad. La consigna a la policía fue clara: que se mantuviesen cerca pero bajo ningún punto de vista que repriman. Esa mañana el momento más tenso fue La Anónima de Fuerte San José, en otro que estaba ubicado en 28 de julio y frente al edificio municipal. Hubo alguna escaramuza y un sostén muy grande de parte de los dirigentes gremiales. Recuerdo claramente las palabras tranquilizadoras de Juan Mata quien me dijo “quédese tranquilo que con nuestra gente hablamos nosotros”. También intervinieron otros sindicalistas.

Decidimos descargar todo en las juntas vecinales. Fue importante la colaboración de otras fuerzas políticas. Federico Montenegro, diputado radical, trabajó a la par nuestra. A la tarde no dábamos a basto para armar las bolsas de alimentos hasta que Julio Aristarain, el intendente, consiguió tras muchas gestiones que nos envíen un camión con alimentos y colchones desde el gobierno provincial. El único recuerdo problemático fue cuando nos recibieron con tiros en el San Miguel. Pero la situación en Madryn no se compara ni con la que veíamos, desde la televisión, en Buenos Aires ni en Rosario desde, insisto, me compartían qué sucedía.

Siento que el pueblo explotó cansado de ser saqueado, y aunque me duela decirlo creo que “la sangre derramada ha sido en vano. Escucho a cada tilingo vendido al mejor postor que me hace sentir que estamos igual que en aquél 2001, o peor. La subjetividad del pueblo se ha torcido a niveles que nunca creí que podría llegar a ver. Hoy con 60 años tengo cierto escepticismo. Ojalá las nuevas generaciones puedan resolverlo”.





Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*