
«Mi hija no necesita el cannabis para ver elefantitos. Necesita la marihuana para conectar con la vida», le cuenta -entre indignada y triste- Berta, la mamá de Salomé: ambas están amparadas por la justicia federal para cultivar las plantas que requiere la joven como medicina.
«Ingresaron a mi casa porque cultivamos adentro -se conoce como indoor- y nos robaron tres plantas. Después fue una odisea lograr que me tomen la denuncia. No estamos preparados como sociedad. Llamé a la policía para contarles que me habían robado marihuana y no entendían nada. Les expliqué que tengo un amparo, me dijeron que no tenían móvil. Llamé a la fiscalía y tampoco entendían hasta que vinieron los policías de la comisaría cuarta», dice de un tirón Berta Thachek que piensa en cómo deberíamos articular socialmente.
«Nos cuesta mucho trabajo lo que hacemos y no es únicamente pensando en mi hija. Me siento sola por más que hay mucha gente que me acompaña. Integro un consejo consultivo y una asociación en Puerto Madryn. Estamos peleando por una ordenanza para que el cultivo sea legal. Me costó tiempo y energía que me dieran un amparo. La justicia está muy lenta. Hay cosas que no se pueden creer: en Jujuy están con un proyecto para exportar, aquí había una disposición de Das Neves que luego otro gobernador la borró()», manifiesta la mamá de Salomé.
En otros tramos de la conversación con www.namunkura.com explica de qué manera trabajan desde la ciencia y cómo, ahora, desde la medicina pública.
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