Reencuentro de veteranos de Malvinas: A 40 años del día en que Madryn se quedó sin pan

Hace frío pero mucho menos que ese frío que sintieron durante dos meses y medio en el sur del sur. Llegaron, en algunos casos, a Puerto Madryn, a bordo del buque Canberra y fueron recibidos por el pueblo, entonces menos poblado aunque con corazón caliente. Tan caliente como esos guisos. O esos abrazos. Y los gestos en forma de pan, abrigo, llamadas por teléfono a familiares en cualquier punto del país. Esta mañana de domingo 19, 40 años después, volvieron a desembarcar. Aquí algunas de esas, sus, nuestras historias.

Pedro, de José C. Paz, tiene el cuero curtido: “Soy clase 63. Llegué dos días después que los compañeros del -buque- Canberra y enseguida nos enviaron a Buenos Aires. Llegamos, estaba oscuro, mi vieja no sabía nada de mí porque le habían dicho que no había regresado. Ella me salvó las piernas haciéndome masajes. Estuve un año internado”, rememoró: “Cuando salí del hospital estuve encerrado 7 meses. Estaba haciendo la colimba. La (clase) 62 estaba de baja y los volvieron a convocar y nosotros pensando que no íbamos a ir. Nos enseñaron a hacer un equipo aligerado, salimos a las 5 de la mañana de El Palomar. Nunca tuve miedo. Será porque era chico, no sé. Nos tocó ir adelante, en la primera línea. Cuando entramos en combate las bombas se sentían cada vez más cerca, más cerca. Sentíamos caer a nuestros soldados. Dejé mi juventud, a mi novia y los sueños. Ahora tengo familia, pude dar vuelta la hoja. Conviví con muchos veteranos que sufrieron la post guerra y que se fueron. Una vez di una charla en la escuela del hijo de una sobrina. Fue muy lindo”, “largó” de un tirón.

Carlos Mansilla, de Gonzalez Catán: “Bajamos el 21. En esa oportunidad no tuvimos la posibilidad de la recepción de quienes desembarcaron antes. Nos siguen recibiendo de maravilla, es una caricia al alma. Son emociones que se mueven, miras el mar y sentís que es un abrir y un cerrar de ojos. En estos años sufrimos daños de todo tipo pero le damos para adelante por nuestra familia”, destacó.

Jorge Altieri, de Lanús, integrante del Regimiento 7 Coronel Conde de La Plata: “Fui herido y me llevaron en avión, el 13 de junio, a Comodoro Rivadavia. Mi obligación es estar aquí para agradecer. Después me contaron de qué manera fueron recibidos. Les preguntaban a los soldados qué querían y pedían pan. Por eso Madryn se quedó sin pan. El pueblo salió a la calle como salió 2 años después para impedir el atraque del buque norteamericano. Abrazas al compañero, lo haces fuerte y no queres soltarlo mas”, dijo.

Francisco García, de La Matanza: “Soy uno de los heridos. Estuve a bordo del rompe hielos Almirante Irízar. Siempre que podemos viajamos y en cada viaje agradecemos al pueblo madrynense”, expresó.

Luis Calcara, de Córdoba:” Vinimos en el Northland. Pude venir en el 2019 cuando inauguraron el muelle. Se siente la falta de los compañeros que incluye a la guerra, la post guerra y la pandemia. En 2019 vinimos 3 y hoy llegamos dos”, comentó.

Carlos Gálvez y Jorge Maidana llegaron desde La Pampa: “Vine con el regimiento 7, no sabíamos en donde íbamos a bajar. Hasta que nos dimos cuenta que estábamos en Madryn y después de ahí todo fue emoción. No nos dejaban mirar para afuera y nos chocamos con la aridez del paisaje. En la calle nos pedían algún recuerdo, de ahí fuimos al galpón y de allí a Trelew hasta regresar a Campo de Mayo”, contó Carlos Gálvez.

Por su parte Jorge Maidana recordó: “Me dieron un pan y les di un cinto finito a dos hermanitos, de 15 y de 8. Es emocionante porque en La Pampa comenzamos el 27 de marzo y son muchas emociones encontradas”. Carlos volvió, ya sin voz por la emoción, y dijo que “no pude gritar ningún presente- una de las consignas durante el acto-, me mató. Eso me llena el corazón”.

Un grupo nutrido del cuerpo logístico 10, de Buenos Aires, bajaron aquel 19. Así recordaron ese momento: “Queremos volver a aquel muelle en donde bajamos. Recibí un sánguche y el agradecimiento de la gente fue impresionante. Mucho fervor, y que Madryn se quedó sin pan fue verdad”, expresó Raúl Cost. “Seguí en contacto con la persona que me dio el pan, después con una de sus hijas. El agradecimiento es imborrable. Nos manteníamos vinculados por cartas y por teléfono de línea, más tarde ya con el celular el vínculo fue mas seguido”, dijo Jorge Cócaro. “Recuerdo a un kiosquero que nos regalaba las fichas para hablar desde un teléfono público. En mi casa no había teléfono, entonces llamé a la casa de un amigo. Estoy bien, les decía y no me reconocían la voz hasta que pudieron avisar en mi casa”, nos compartió Luis Fidalgo. “Estuve cuando se inauguró el mural hace 3 años. Es como que uno ve el Canberra cuando llegamos. Nos llena el alma como nos trataron hace 40 años, cuando vinimos hace 3 y ahora. Los ingleses -arriba del Canberra- nos trataron muy bien. Nos dieron un espacio propio y en el desembarco se formaron cuando nos tocó bajar. Nos trataron con mucho respeto”, manifestó José Robela. Entre la delegación bonaerense también estaba Jorge Ponce.

Una bandera argentina con los 3 nombres de los compañeros caídos profundizó el sentimiento de camaradería.

Historias. De dónde llegaron y cómo vivieron aquél 19 de junio de 1982, de eso se trata este informe.

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