Adiós a Mario León quien tocaba el blues con lo que no se ve

Con su equipo de consolas y de sonido bajaba de un taxi. Antes, algún cruce de palabras con el chofer: “¿ Y a usted quién le dijo que acá vienen chicos que son delincuentes”? De un plumazo borraba toda intención del hombre de volante de situarse en una polémica. Y ahí, con sus parlantes y equipos de sonido, Mario se ubicaba en una habitación-espacio-aula. Fueron, por lo menos, dos años, de teoría y de práctica simulando realizar un programa radial: “Onda verde” en donde las chicas y los chicos de la fundación desplegaban sus roles en la conducción, como columnistas u operadoras-operadores técnicos.

“La música que pasan es una mierda”. 7 palabras fueron suficientes como ida y vuelta entre “grandes y pibes”. En un espacio más amplio, que en donde el hombre de los equipos al hombre brindaba sus clases de operación técnica y sonido, reunidos pibes y grandes para hablar de la radio pronta a inaugurar.

Cerca del pizarrón, Débora -la única mujer- y el resto contaba de “qué iba” cuanto se venía a partir del verano 2012. “¿Para qué queremos o tenemos una radio?”, “¿Sobre qué les gustaría hablar?”, “¿De qué manera se informan?”; fueron algunos de los intentos de “romper el hielo”.

Como respuesta, rápida y a la pera, esas 7 palabras. Se referían a la música que suele formar parte de “la señal de prueba”. Mario consiguió que, en abril de ese 2012, en una foto de esas que se guardan el corazón, unos de esos pibes -pegado al escenario- siguiese el ritmo de un blues con su compás de pie derecho.

El 10 de enero de 2012 nos recibió una mañana bien soleada. Las fotos ahí lo muestran con sus mujeres queridas: su mamá y esposa. Una barba mechada entre canosa y un negro que intentaba mantenerse, una camisa y un jean. Siempre un jean. Se inauguraba “FM Namunkurá”, y hasta instantes antes el hombre de camisa blanca estaba de “fajina” tirándose al piso conectando cables.

Director de la emisora, Mario conducía “la gota en el ojo” en donde mechaba informaciones con…blues, su gran pasión. Su voz de algodón del sur de Estados Unidos nos traía, también, las historias de los instrumentos en versión de informe radial. Alrededor de la mesa del estudio más pequeño de La Namunkurá se apostaban Miguel y José, los más grandes del equipo que se complementaba con pibes y pibas.

Fueron Miguel y José quienes condujeron, los domingos a la mañana, “Es lo que hay” -continuidad de la práctica con “Onda Verde”- mientras el piberío ensayaba, ya en el aire, la teoría que había ejecutado Mario desde tiempo atrás: un tal Víctor Heredia y otro León, pero de nombre- Gieco de apellido- fueron entrevistados en ese programa de fin de semana. El cual tenía, por otro lado, una manera de tenerlos temprano, un domingo a la mañana.

LA MÚSICA, SIEMPRE LA MÚSICA

“El blues no es lo tuyo, el blues se toca con lo que no se ve…”, canta Mario León. El estribillo será prolongado por quienes se juntan en la noche de algún bar. El rito del fernet con cola en ese espacio que oficia de camarín. La cámara fotográfica (o en su versión de teléfono) de Amalia, su compañera de vida, presta para documentar todo cuanto sea posible.

Si en Puerto Madryn hay tantas bandas como géneros posible es, gran parte, gracias a las semillas plantadas por tipos como Mario, Daniel Rodrigues, Marcelo Belsito, Gustavo Leyes. Su casa de la calle Marcos A. Zar, de entrada angosta, tenía en el fondo un sitio de ritual: cruzando el jardín se abrían las puertas de la sala de ensayo. Pibes, que luego se lanzaron a los escenarios o bien que pudieron irse a estudiar música, surgieron de ahí. De esas tardes o esas noches que Mario prolongaba buscando el mejor sonido.

Los pibes Darío Soto, armonicista y cantante, Juan Manuel Torres, un guitarrista del carajo; eran locales en esa casa de Zar, entre Gales y España. Como lo fueron Luis Robinson -que tocó, entre tantos con Los Redondos-, Daniel Raffo, un guitarrista de lujo, o históricos bluseros del sur del norte -como Bob Stronger- que Mario rastreaba para traerlos a su Puerto Madryn de nacimiento. En donde su papá, el relojero, fue protagonista social con su presidencia en el club Guillermo Brown.

“Los Viejos Verdes Blues Machine”, su formación ideal. Con cambios, en el durante, porque había que seguirle el ritmo, pero con tipos que fueron de la columna vertebral como Gabriel Catoira y Adrián González: presentaciones en la zona y giras en Buenos Aires. El cielo con las manos, la tarde-noche en que compartió escenario con Black Amaya, baterista del Pescado Rabioso de su adorado Flaco Spinetta.

LA RADIO

Locutor y operador de radio, León junto a José Chiaramonte patearon Buenos Aires y se trajeron un pedazo de paraíso. Desde 1987 que “FM Paraíso” puede hallarse en el dial de la ciudad gracias a las gestiones y el impulso inicial de Mario y de José.

Adiós al compañero. El abrazo fuerte para Amalia quien, con su trabajo en la biblioteca de la escuela 162 y su militancia social después, supo transmitir a través de los micrófonos que había instalado León; y para toda esa banda, como público o quienes subidos al escenario, ya comienza a extrañar esa voz de aguardiente cantando “el blues no es lo tuyo, porque se toca con lo que no se ve…”. Sí, eso que tenía Mario a la hora de cantarlo.

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