[OPINIÓN] MATÓ A 8 MUJERES POR «¿ADICCIÓN AL SEXO?» | LULI KO

LUCIANA KOZIURA – Columnista de sociología en Vengan de a 1, los viernes a las 15 hs.

Hola ¿ Cómo están? Yo acá reportándome desde Savana, Georgia ( EEUU)

¿Ustedes que hacen cuando tienen un mal día?

Bueno, porque acá, el martes 16 de marzo, Robert Aaron Long, de 21 años, tuvo un mal día – según lo justifico la policía- y salió a matar. Así, se levantó, compró un arma y entró a los tiros. Todo legal, con sus checkeos previos y la facilidad de comprar una pistola como quien compra 200 gramos de queso para unos sanguchitos. Al menos 8 personas fueron asesinadas y otras resultaron heridas cuando el asesino entro en tres negocios de masajes distintos, en un suburvio de Atlanta en Georgia. Seis de las victimas eran de origen asiático, las otras dos eran blancas.

El asesino tiene 21 años y le dijo a los oficiales que tenia una adicción al sexo. ASI, una adicción al sexo y que veía a los spas como una válvula de escape para “algo que no debería estar haciendo”. El asesino dijo que estaba tratando de evitar la tentación. 8 mujeres asesinadas en su lugar de trabajo, probablemente el único que podían tener en un país donde la precarización y la hiper sexualización de las mujeres cis asiáticas es una constante. El capitalismo basado en la explotación racial ha ido entremezclado la sexualización de las mujeres asiáticas, sobre todo las coreanas, a lo largo de muchas décadas.

Entonces, activistas y miembres de la comunidad asiática se preguntan: ¿Hasta cuando seguiremos justificando los crímenes de odio con excusas como adicción al sexo o por tener un mal día? Todes estamos al tanto del aumento de los crímenes contra los asiáticos y asiáticas desde que empezó la pandemia y no fue gratis haber tenido de presidente a Trump diciendo repetidamente que el coronavirus era entre comillas un virus chino.

Rober Aaron Long fue acusado de ocho cargos de asesinato en relacion con los ataques y permanece detenido. Pero sabemos, estamos atentes y entendemos (ya por cansancio y resignación) que el odio no tiene limites. Que el racismo del que hablamos siempre, no cesa.

Desde marzo del 2020 se han reportado 3785 incidentes de odio contra los asiaticos que viven en territorio yanki.

Stop AAPI Hate, por sus siglas en ingles Asian American and Pacific Islanders, es una coalision nacional que fue fundada en el 2020 en respuesta a la cantidad de violencia racial contra les asiatiques en Estados Unidos.

En uno de sus últimos reportes me encontré con esta data donde se reportó un 68% de casos de acoso verbal y un 20% de rechazo, es decir la evitación deliberada de estadounidenses de origen asiático. En tercer lugar, la agresión física con un 11.1%. Violación de derechos civiles tales como discriminación en el lugar de trabajo, negación de servicio y exclusión de trasporte publico – y por ultimo – el acoso online representa el 6.8% del total de los incidentes.

 Con respecto a las tendencias nacionales:

● Las mujeres denuncian incidentes de odio 2,3 veces más que los hombres.

● Los chinos son el grupo étnico más grande (42,2%) que informa haber experimentado odio, seguidos por las y los coreanos (14,8%),  vietnamitas (8,5%) y filipinas y filipinos (7,9%).

● Las empresas son el principal lugar de discriminación (35,4%), seguidas por las calles (25,3%) y parques públicos (9,8%).

Las violencias hacia miembres de la comunidad asiática podrán tener mayor o menor prensa dependiendo que tan de cerca nos toque. Lo que paso en Atlanta no es un caso mas de supremacía blanca, es la norma.

Pero ¿Qué tanta atención le prestamos hacia la xenofobia? La profesora Anne Anlin Cheng en su libro “The melancholy of race” analiza cómo el perfil bajo o la falta de visibilización hacia estas olas de violencia son un recordatorio de cómo la violencia racial pasa desapercibida cuando no encaja perfectamente en la narrativa estándar de la raza en estados Unidos.

Y nos enseña:

«Somos una nación que se siente cómoda con el agravio, pero no con el dolor».

En el deseo de superar los problemas raciales, en nuestro afán por progresar, nosotres, como nación, nos hemos centrado más en cuantificar las lesiones y reforzar las categorías de identidad que en hacer el trabajo más duro de enfrentar las duraderas, indescriptibles, a veces contradictorias y más desordenadas heridas de Racismo estadounidense: cómo ser odiado y odiar pueden parecer lo mismo; cómo la lección de la impotencia puede enseñar justicia o, perversamente, los desagradables placeres del poder; cómo el legado de la ira, la vergüenza y la culpa es complejo.

Hay algo mal en la forma en que los estadounidenses piensan sobre quién merece la justicia social, como si la atención a los grupos no blancos, sus historias y condiciones, fuera tan urgente como las lesiones que han sufrido. La justicia racial a menudo se expresa en términos arcanos y moralistas en lugar de entenderse como un dato ético en la participación democrática.

Parece locamente ingenuo sugerir que debemos aprender, valorar y querer saber acerca de todos nuestros compatriotas por respeto y no por culpa. Sin embargo, si bien la legitimación de las diferencias raciales y culturales exclusivamente en términos de daño puede motivar reformas a corto plazo, a largo plazo alimenta una política de tribalismo que estalla una y otra vez.

El dolor procesado y las dinámicas raciales no reconocidas continúan acechando nuestras relaciones sociales. El discurso de la identidad racial ha oscurecido la historia de los enredos raciales estadounidenses. ¿Y por qué es importante el enredo? Porque el desafío de la democracia no consiste en identificarse con alguien como vos (eso es fácil de hacer) ni en renunciar a su propio interés (eso es difícil de preguntar). Se trata de aprender a ver su propio interés como profundamente e inevitablemente entrelazado con los intereses de los demás.

Pero, ¿Es esta una lección que los estadounidenses están preparados para escuchar?

Los estadounidenses de origen asiático están cansades ​​de insistir en que a les demás les importe. La verdad es que pocos escuchan. Todo lo que podemos hacer es continuar diciendo nuestras verdades, para saber, incluso solo por nosotros mismos, que estamos aquí. Como escribió la poeta Rita Dove: «Aquí, / es todo tuyo, ahora – / pero tendrás / que llevarme a mí / también».

LUCIANA KOZIURA

Fuentes:

Cheng, Anne A. The Melancholy of Race: Psychoanalysis, Assimilation, and Hidden Grief. New York: Oxford University Press, 2000.

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