Escuelas de gestión social: experiencia chaqueña y el rumbo en Chubut

La escuela de gestión social N° 2 del barrio Emerenciano, al sur de Resistencia (Chaco) nació como una lucha piquetera. En su proyecto de trabajo incluye a la educación con la salud y la comunicación. Nos lo cuenta Víctor Sánchez. Y nos ofrece como referencia una permanente posición de la fundación Ceferino Namuncurá con respecto a la educación popular.

La educación en la provincia está sumergida en la tensión salarial, el pago escalonado y la pésima infraestructura de sus edificios. La crisis expuesta fuertemente en los dos últimos años sumerge la necesidad del debate pedagógico. Chubut, su geografía y las variables que ofrece su producción debería priorizar un sistema educativo que se hace trizas. Desde esta página y a través de los medios de comunicación de la fundación Ceferino Namuncurá sostenemos, como pregunta, qué lugar ocupa la educación popular. Alertas, en diciembre de 2015, inauguramos una serie de notas cuyo título fue “Educación popular: el debate que necesita darse”. En febrero de 2016, apenas asumido el gobierno macrista a nivel nacional y Das Neves en la provincia, la organización realizó un acampe que presagiaba los tiempos que vendrían. Fue en 2018 cuando se ocupó el ministerio de educación y se profundizaron las medidas de fuerza por parte de docentes provinciales. 2019 se cobró las vidas de Jorgelina y Cristina, comodorenses que participaban de una jornada de lucha y de congreso gremial: para el gobierno fue un accidente de tránsito. Para la comunidad, la lamentable síntesis de una crónica anunciada.

Las portadas de los diarios comerciales suelen, con sus letras de molde, pronunciarse sobre paros, descuentos propuestos por funcionarios de Arcioni y por Arcioni mismo, “pibes como rehenes” y edificios que se desploman.

¿En dónde queda, entonces, la traza sobre la educación de una provincia que atraviesa una insoslayable carencia de rumbo político?

En sintonía con el primer ministro del área del gobierno de Macri, Esteban Bulrich -declarado huésped de honor por el entonces flamante ejecutivo chubutense-, Fernando Menchi, responsable de la misma cartera en el ámbito local, se refirió a las escuelas como “incubadoras de empresas”. Esta frase la pronunció en Puerto Madryn cuando desde la fundación Ceferino Namuncurá, cuyo proyecto se basa en la investigación educativa, reclamábamos qué lugar ocupaba la educación popular.

Al calor de los vientos nuevos el macrismo pisoteó a las organizaciones sociales y embistió contra las cooperativas y todo aquél entramado comunitario que, entre sus prioridades trabaja en diversos modelos educativos. ¿O es lo mismo la enseñanza privada que pública? ¿ O cómo se trabaja en barriadas que carecen de lo mínimo para sobrevivir? ¿ O cedemos ante los patrones de estancia en los pueblos menos habitados?

Y ahí la frase de Menchi que retumba. “Incubadoras de empresas”. ¿Es ese el rol de la escuela? ¿O debería ser el motor social para articular dentro de un cuerpo colectivo amenazado por los narcos, los capangas políticos y los mesías atados a la falsa teoría del derrame?

Son numerosos los artículos y los congresos que organizó la fundación Ceferino Namuncurá en 30 años de trabajo sobre la verdadera democracia ligada a las posibilidades de los más postergados. Basta con bucear en el archivo de la página institucional www.fundaciónceferino.org.ar para darse “de cara” con estas herramientas que suelen ser ninguneadas por diferentes protagonistas en la toma de decisiones en la función pública.

Tal es así que en estos cuatro años nos encontramos tratando de explicar lo obvio y debatir con quienes se escudan en matemáticas lineales.

Existe una ley, desde 2018, que es la VIII 126, que entre otras cuestiones dispone la creación de la dirección de las escuelas de gestión social -hoy inmersas en el área de gestión privada- para que sean las organizaciones sociales las que surtan al Estado de experiencias alternativas.

Sin embargo la normativa no se motoriza y se la critica por parte de propios-quienes pertenecen al sector de gestión social- y “extraños” -los integrantes de forjar las políticas educativas- mientras se pierde mucho tiempo y aquéllos que los medios comerciales ubican como rehenes (cargando las tintas sobre docentes), “la ven pasar”.

¿Podemos a esta altura regalar esfuerzo en asegurar que un transporte esté disponible para unir los kilómetros de una provincia tan extensa para llegar a las escuelas? Escuelas en donde, en varias circunstancias se concentra la mayor cantidad de tiempo que despliegan estudiantes durante el día: en donde realizan entre 2 y 3 comidas.

¿Seguiremos “discutiendo” sobre aspectos netamente burocráticos o metemos mano a 20 años del comienzo del siglo 21 en qué forma la escuela se transforma en ese eje transformador?

¿Podemos objetar una sólida experiencia en donde cohabitan talleres de oficio, de producción, con 300 horas anuales de comunicación en épocas de dominio y bombardeo informativo?

Vaya aquí, como desde hace -al menos- cuatro años- una muestra más de cómo se puede trabajar desde la educación. Víctor Sánchez, periodista de radio sur de Resistencia nos cuenta cómo pibes de primaria, secundaria y en edad universitaria sostienen un proyecto que muchxs insisten en invisibilizar o combatir tiempo luego que Piero, el tano cantor, dijese “cuando un pueblo sabe, no lo engaña un brigadier”.

A 36 años y sin milicos a la vista, la canción sigue vigente.

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