El agujerito sin fin

Desde hace varios años, la famosa grieta también, tiene sus condimentos y miradas más propias. Es en ese sentido que Puerto Madryn no escapa, ni pretende- tal vez- escapar, a través de sus dirigentes, en la faz que sea, de ese laberinto ciudadano.

Así las cosas las imágenes de ayer en la delegación local de la subsecretaría de trabajo, hasta donde marcharon trabajadores para manifestar su repudio y su bronca porque consideran que las actuaciones de la funcionaria a cargo, Marcela Curache, son en contrario de los interese laborales de los ciudadanos madrynenses; nos muestran, otra vez, cómo se profundiza esa grieta comunitaria de la cual, algunos, muy pocos-seguramente- sacan rédito alguno.

Como si se tratasen de bandos, o a veces de bandas, la realidad- al menos una porción de ella- chubutense nos muestra una puja permanente en la superficie de dos grupos representativos de esa, considerada, grieta local. Como, hablando de cómos, cuando se habla ante un hecho inesperado y dramático, de la conexión local.

Esa “conexión local” nos va mostrando que cualquier escenario es apto para “avanzar” en esos casilleros que ofrece el poder. De quienes detentan el poder, y desde allí, como si fuese una lluvia, cayendo en quienes vivimos en estas tierras.

Trabajadores, dirigentes gremiales, funcionarios de mayor o menor relevancia, protagonistas del mundo deportivo, medios de comunicación, periodistas; sirven, servimos, de punta de lanza cuando la ocasión lo amerita.

Los títulos de los diarios nos muestran una cosa (“el gobierno nos mea y los diarios dicen que llueve”, escribió Eduardo Galeano quien lo leyó en alguna pared escrita en alguna pared descascarada, en las calles de alguna ciudad de América Latina), nos hablan de incidentes, de agresores que, parecen, se unen en una horda de delirantes y hacen estragos por las calles de Puerto Madryn, mientras otros medios nos dicen y nos cuentan que, capaz, la cosa vaya por otro lado.

Y es en esa grieta, profunda, que se supo construir en donde caemos. En esa disputa de intereses, muchas veces mezquinos, de sacar ventaja, de querer ganar-vaya a saber qué sería ganar o perder en esta sociedad- un tramo o una porción de esa ventaja.

Es en esos mismos medios que se anuncian con imaginarios bombos y platillos abultadas inversiones que, casi, nunca llegan.Mientras desde una abarrotada sala en la Casa de Gobierno en Chubut te muestran saludos gentiles entre empresarios y funcionarios, en donde te dicen que se “pondrán 200 palos”, 72 laburantes se miran entre sí y se preguntan, ¿por qué? Porqué se quedan sin trabajo. ¿Porque hicieron huelga en el medio de la conciliación? ¿Porque los representa un gremio que quedó de un lado de la grieta? ¿Por qué, y así, separado el por y el qué le patalean a uno de los empresarios más cercanos al poder de turno? ¿Por qué?

¿El conflicto es en la puerta de la subsecretaría? ¿Nada más?

O es en todos estos días, en estos meses y en estos años, un condimento, ¿o un elemento más?

Desde hace un tiempo a esta parte el poder verdadero, ese que antes se movía en las sombras, el que ahora debió descubrir ese velo, maneja los hilos y en ese manejo o en esos hilos suelta o tira del piolín con mayor precisión que rima con fruición. Con presión. Y prisión.

Y es en ese tironeo en donde, aquí en Chubut, se cuecen los guisos que en pocas ocasiones, tal vez en forma de olla popular, alcanza a los vecinos, a los ciudadanos que esperan el derrame que nunca llega.

Y en el medio, ¿qué?

Y en el medio, los medios. Vitales en esta construcción de realidades virtuales en donde quedamos afuera.

Por eso esta propuesta, “alternativa” que desde la Fundación Ceferino Namuncurá se propone, desde los medios de comunicación de la organización, hace cinco años. Con la radio y con el canal de televisión en youtube.

En cuyas imágenes tratamos de compartir otra mirada.

Y en el medio, ¿qué?

En el medio, tal vez, en esa franja imaginaria quienes pretenden vivir. Como, hablando de “cómos”, dice la canción.

“Solo se trata de vivir.

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