Analogías del tercer mundo

(Santiago Diorio, corresponsal Europa, desde Kiev)

– Sale fría.

– Si, no hay agua caliente.

– ¿Por?.

– Cada año, ellos, para un mes, nos cortan el agua caliente, para hacer reparación. ¿Reparación se dice?.

– Si, reparaciones.

– Eso, reparaciones.

– Que loco, ¿todos los años?.

– Siempre.

– Que bajón, ¿y cómo nos bañamos?.

– Con esto, ¿cómo se llama?

– Olla

– Con olla, como se hacía antes.

– Que loco, no es raro para mí, pero nunca me lo imaginé en Europa.

– Es Ucrania, es tercer mundo.

– No, nosotros somos tercer mundo.

– No, Argentina es un gran país.

– Pero se supone que somos de tercer mundo, bah… ya no sé.

¿Qué significa ser de tercer mundo? Es algo que me puse a pensar cuando conocí Ucrania. Inna dice, que su país, es un país de tercer mundo. Sin embargo yo he visto cosas que me parecieron de primer mundo. Bueno, no cosas. Acciones, costumbres, gente. ¡Que linda que es la gente de Ucrania!, y no me refiero a que está lleno de rubias. Bueno, si es un punto a favor, pero no es el foco del análisis que estoy proponiendo. Ukraína o Україна, es un estado soberano que actualmente se encuentra en guerra con Rusia. Guerra, de esas que son discusiones de gentes importantes, como le explicada a mis sobrinas, Cati y Luz, cuando se me escapó decir que corría peligro mi vida por estar allí. La realidad es que caminar por las calles de Ucrania es una experiencia, algo particular, porque todo lo que ves es algo nuevo.

Cuando llegué a la casa de Inna, en Kiev, me preguntó, que me parecía la ciudad. Asumiendo que ella pretendía de mi, una primer impresión, de lo poco que había caminado de la Estación a su hogar, le contesté: “Es el país, más distinto al mío, en el que estuve en toda mi vida”. Pero esta impresión terminaría siendo muy apresurada.

Cuando creía que mi capacidad de absorber culturas nuevas estaba por colapsar, conocí este maravilloso país, que me hizo sentir como en casa, pero con nuevos atractores. Resulta que, si, es verdad, la primer impresión, de vendedores ambulantes, de juguetes baratos, de moneda devaluada, me hacen sentir en plena Plaza Constitución. Un personaje, de mirada cruzada, me ofrece medias baratas, un trolebús me roza la espalda, y no puedo evitar sentirme en Buenos Aires.

En el Metro aprendí, que “Subte”, solo le decimos en Argentina. Pero algo en particular me llama la atención, un pequeño gesto, y comienzo a ver las cosas de otra manera. Las puertas, de vidrio y pesadas, se cierran solas, y cada persona que entra en la estación, mira hacia atrás y sostiene la puerta al que viene detrás. Una y otra vez, como una coreografía aburrida, pero muy ensayada, se sostienen las puertas unos a otros de manera sincronizada. Entonces le pregunto a Inna, que me acompaña en las caminatas, y cual Wikipedia andante, me explica todo lo que veo, y ella me dijo que se acostumbra a sostener las puertas para que los que vienen atrás, por si vienen medios distraídos, no se coman un portazo en la cara.

Por supuesto, que era bastante “intuíble” esto, pero que me lo cuente, como algo que está en el común conocimiento de la gente, como un acuerdo tácito, me despertó una pequeña analogía. Me acordé de algo que me contaba, mi brother, en el subte de Buenos Aires, cuando la gente, está apurada y detiene, con el botón de emergencia, el funcionamiento de la escalera mecánica, para utilizarla en el sentido contrario en el que se desplazaba, solo por propia conveniencia, sin importar quienes la estaban usando. En ese momento me detuve a pensar, mientras Inna me arrastra del brazo porque estoy del otro lado de la línea amarilla de seguridad, y se acerca el tren. “¿Qué haces?”, me dice.

Y caigo en la cuenta, en que son las personas las que hacen a un país de primer, tercer o quinto mundo. Que las obras públicas, la economía, que poco tiene que ver con el esfuerzo diario de los habitantes, y los éxitos bélicos, la fumen, pensé. La gente, la cabeza de la gente es la que hace que un lugar sea de primer nivel. Es cierto, la educación tiene mucho que ver, la cultura, si, también. Pero a diferencia de casos anteriores, como en Bélgica o Alemania, me encuentro en un país que, se supone, tiene condiciones similares a las de Argentina, pero la gente acá sin embargo pareciera estar en Bélgica (Bélgica es como The Sims). Y ojo, que en Argentina también pasan cosas de estas, todos los días. Recuerdo un video que ví hace poco de un chico que dormía en una estación de subte y un policía lo quiere sacar y la gente reacciona en contra del agente para que deje en paz al chico. De esto hablo.

Voy a evitar la anécdota en la que olvido darles la mano a las mujeres, y las saludo con un beso, porque es algo embarazosa.
Y me voy a algo ocurrido en la cancha, cuando fuimos a ver al Dynamo con el Nápoli, por la Champions. Un fantástico clima deportivo se respiraba, por supuesto fuimos a asientos que estaban mucho más cerca de los que habíamos comprado. El partido arranca, y pareciera que el Dynamo, contra todos los pronósticos, tiene chances de ganar y no solo eso, sino que convierte el primer gol. Todo esto hace que el espectáculo sea aún más impecable, y entre cantos en Ucraniano, que no entendía, y banderas con tipografías extrañas, era casi una experiencia nueva.

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Casa. Como en ella. El corresponsal de Fundación Ceferino Namuncurá en Europa, Santiago Diorio, relaciona a Ucrania con Argentina.

Hasta que me siento como en la cancha de Comunicaciones, con los gritos del gordo Bengala, la yuta tirando agua a la gente, y las manos en el bolsillo para evitar oportunistas. Es que el Nápoli llega a la igualdad, y aunque luego convertiría el segundo para la victoria del visitante, el clima se caldea con el empate. Un hincha del equipo local se sube a un alambrado, se agarra el paquete y le dedica el gesto a un simpatizante contrario, lo cual sería muy normal en Argentina. Pero los tanos, son picantes, y no respondieron con un gesto similar, sino que saltaron el alambrado y lo fueron a buscar, lo que derivó en la intervención de la policía y en la común sensación de estar en un espacio vulnerable para todos los que estábamos en esa tribuna y sobre todo para Inna que era la primera vez que iba a una cancha. En simples palabras, se armo una lucha campal de cintazos, y manotazos que jamás se me hubiera ocurrido ver en Europa. De todas formas le agradecí a los barras europeos por llevarme a Argentina un ratito.

A esta altura del relato, ya la afirmación: “Es el país, más distinto al mío, en el que estuve en toda mi vida”; se estaba quedando algo imprecisa. Si, Ucrania es muy distinto, no vas a entender ningún cartel en la calle, y menos poder hablar con alguien, pero algo nos une, y es la distancia con los países de “primer mundo”, la que nos lleva a destacarnos por otras cosas: la gente.

Era el octavo idioma en el que aprendía a decir “спасибі”, osea “Gracias”, pero en Ucrania, si que se dice, y se dice mucho, porque hay razones para que la gente le agradezca a otro por algo. Como la vez que fuimos a patinar sobre hielo, que fue muy divertido, y cuando volvimos nos tomamos un bondi que era igual a los bondis que te tomas en Ecuador para ir a la playa. Una pinta a medio bondi, como para 25 pasajeros, de nariz chata y alfombras en la luneta. Luces que que ya no iluminaban y asientos con el tapizado gastado, hacían sentir que la experiencia de viajar en él, sería muy similar a la de viajar en Sao Pablo al estadio del Corinthians, pero, de nuevo, algo se destaca, y es otro gesto.

Un hombre, corre peligro de perder el bus, y entonces entra por la puerta de atrás. Cuando me suponía, yo, que estaba naturalizado que no iba a pagar el boleto, el hombre le da un billete al hombre que más cerca tenía, y este a otro, y a otro, y a otro, hasta que el billete llega al conductor. El conductor, cobra el boleto y le devuelve a un hombre, que le da a otro, y a otro, y a otro, el boleto y el cambio, hasta que llegan a manos del hombre que recién había entrado y no podía llegar hasta el conductor. Esto, sin dudas, fue lo que concluyó en mí la necesidad de escribir una nota, sobre todo lo que, hasta el momento, estaba digiriendo en mi mejor modo observación. Y sobre todo, porque en París aprendí, de mano de Tomás y Tomás, dos Argentinos muy copados que conocí, que se llaman igual, que no era necesario pagar porque “no pasa nada”. Algo, que después hice en 5 países distintos, hasta que me Europeicé y comencé a ser un ciudadano genérico. -No quiero decir civilizado porque eso me daría la potestad de Colonizador-. Cuestión, que si bien, de nuevo, la situación era bastante interpretable, a mi me surgió la curiosidad de preguntarle a Inna de que se trataba, y ella sin sorprenderse, me dijo, que por supuesto, estaba pagando su boleto, que era normal. Yo la miré, con mi cara de Sudaca sorprendido y le dije: “Eso es de primer mundo”.

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Puerta. Se abre y se sostiene para que pase el que sigue. Casi, casi, como en casa…

Tutorial para salir de Ucrania, hacia Rusia.

Regla n° 1: Si vas a cruzar la frontera de dos países que están en guerra, no lo hagas de forma terrestre.

Regla n°2: Si lo hacés de todas formas, evaluá la posibilidad de retrasarte algunas horas en Migraciones y llegar más tarde. (Se recomienda mirar el clima de la ciudad de destino).

Regla n°3: Lleva mucha batería en el celular. (Se recomienda tener cargador portátil)

Regla n°4: No intentes hablar ningún idioma que no sea el tuyo, hablá mucho español hasta que se cansen de vos y te dejen pasar.

Regla n°5: Si tenés dos pasaportes mostrá uno solo y defendelo a muerte.

Regla n°6: Gasta tus últimos billetes Ucranianos, del lado de Ucrania, porque después te los metés en el culo.

Regla n°7: Llevá el pasaje con el que despúes vas a salir de Rusia, eso puede cambiar el rumbo de tu suerte.

Regla n°8: Tener dos posibilidades de hospedaje. (Siempre es posible la incomunicación, un plan B te puede salvar).

Regla n°9: Si no te podés comunicar, ni con el plan A, ni con el Plan B, confiá en la persona que acabás de conocer en el Auto de
Blablacar, que te ofrece invitarte a su casa por esa noche, y como está lloviendo y ya son las 3 de la mañana decís que sí.

PD: La anécdota de este viaje se verá resumida en este tutorial hasta nuevo aviso.

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