Guatemala: familias desplazadas de sus casas por la megaminería [INFORME]

Las familias que integran la comunidad La Cuchilla de San Rafael Las Flores, Guatemala, son testigos del verdadero “progreso” de la minería a gran escala. A la par de la instalación de la planta en el territorio comenzó la presión para que se retiren de sus casas. A los habitantes de esta aldea, ubicada sobre la montaña a 200 metros de altura, les ofrecieron dinero y trasladarlos a nuevas viviendas construidas en un lugar más “seguro”, con el aviso de que si se quedaban la empresa no se haría responsable de los daños. 



De casi 100 familias que integraban la comunidad solo quedan menos de 30. Muchos vendieron, a precios irrisorios; otros aceptaron ser trasladados a las nuevas viviendas construidas por la minera, pero estas se derrumbaron antes de ser estrenadas, por lo que se vieron obligados a irse con familiares o emigrar a otros lugares del país. Las que se plantaron y se quedaron comenzaron a sufrir la explotación de la minería a gran escala: temblores sistemáticos, en las mismas horas todos los días, imposible de justificar como movimientos naturales.


A la par que la empresa explotaba, las casas se rajaban, muchas se derrumbaron [VER FOTOS], los temblores impedían descansar, los animales se alteraban y no producían; incluso afectó hasta la extinción a una variedad de abejas. La cosa empeoró cuando también se dañó la escuela y la iglesia prácticamente se partió al medio: hasta hoy, permanece cerrada con peligro de derrumbe. En 2013, en una encuesta realizada a la comunidad, el 96% había dicho No al proyecto megaminero que ahora les dice que no pueden permanecer allí donde nacieron.


La operación subterránea de la mina El Escobal, que explotó y extrajo plata y otros minerales entre 2014 y 2017, tenía lugar justo en el subsuelo de las viviendas de la comunidad del pueblo Xinka La Cuchilla. A pesar de que los estudios oficiales no relacionaban la actividad de la empresa minera con los sismos, finalmente se declaró al lugar como “zona no apta para vivir” (según Coordinadora Para Reducción de Desastres de Guatemala). Pibes y pibas dejaron de asistir a la escuela, las comunidades ya no podían compartir en la iglesia, el tema tierras produjo divisiones entre los propios vecinos. 

¿No reclamaron? Sí, pero el clima de represión por el Estado de Sitio montado por el gobierno de Guatemala en 2014 contuvo con miedo el reclamo popular. Hoy, por el proceso de consulta previa que el gobierno realiza con el pueblo Xinka, la situación está trabada.

A pesar de este conflicto y otros con distintas comunidades de la zona, la multinacional Pan American Silver compró el proyecto El Escobal en 2019 y comenzó un lavado de cara resumido en su fresco slogan: “démosle vuelta a la tortilla” pero el contenido se repite, apuntado a destrabar el conflicto y seguir explotando. Vecinxs de La Cuchilla que exigen el retiro de PAS del territorio coinciden en que los temblores frenaron el mismo día que se instalaron “los plantones”. En estos acampes a un lado de la ruta que conduce a la mina, resisten hace casi cuatro años habitantes de las comunidades aledañas, que realizan guardias de 24 horas sin descanso.

Por el desarrollo megaminero fueron desplazados de su territorio vecinxs de La Cuchilla en Guatemala así como habitantes de La Colorada en México, otro proyecto que adueña Pan American Silver. Estos dos proyectos junto al Navidad, de Chubut, son los que ofrece la multinacional minera a sus inversores como garantía de ganancias futuras. ¿Es entonces desplazamiento y despojo lo que les espera a las comunidades originarias de la meseta chubutense? “Hablan de desarrollo pero todo es un engaño”, advirtió Doña Rosa a la gente de Chubut. Sabe bien de qué habla.

La entrevista completa en este enlace.

Además, un mensaje se la vecina al pueblo chubutense: “todo es un engaño”.

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