Qué dirían en la “Funda” si tardo en devolver el mate

Porec, Croacia (Santiago Diorio, corresponsal en Europa)

Desato los cuatro nudos de la bolsita de nylon, aislante de humedad en mi mochila, y veo cuanto me queda de yerba. No se donde podré conseguir si se termina, y de conseguir, no sé si la podré comprar. Quizás no sea malo que se termine, nunca fui tan matero: el termo y la yerba pesan en la mochila. Ya tiré todo lo que pude y la pelota no la pienso tirar, menos los botines. Creo que esta incertidumbre me hace disfrutar cada uno de los mates, aunque me contradigo, si los dejo enfriarse mientras escribo. El agua se está calentando en una olla croata, de manija extraña. Yo empiezo a lavar el mate, y se me escapa una mueca cuando recuerdo como se dice “Huerta” en italiano. Mientras, tiro la yerba de ayer, en el “tachito” para el compost. Sacudo el polvillo de la yerba y otra mueca, esta vez del otro lado, se asoma recordando a quien osó limpiar la bombilla, con una servilleta, antes de devolverme el mate. Claro está, todos los europeos a los que les hice probar el mate, han reaccionado de una manera distinta. Creo que a casi todos no les disgustó. No me atrevería a decir que les gustó.

Con mi “termito” de medio litro ya listo, me siento a trabajar en la computadora. Tengo que hacer la gráfica de algún evento en la Usina Cultural, y entonces, es inevitable sentir que estoy sentado ahí, en mi silla, que siempre es una distinta, pero siempre va en el mismo lugar. El Illustrator, a menos que se tilde, no me deja agarrar el mate, y este se enfría de nuevo. Juan me caga a pedos porque tardo en devolverlo, Nacho hace algún cumplido irónico, y Carlos me pregunta: “¿Estás tomando solo?”.
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Compañeros.Santiago y Francisco Di Filippo, sonriendo y con micrófono de por medio. El mate, tema de crónica europea.

Lejos pero cerca

Entonces recuerdo que estoy en Croacia. Que hermosa que es Croacia, con sus paisajes del Medioevo, al borde del Mar, que habrán sido cómplices de alguna guerra. Con sus muros de piedra, que habrán sido fuerte para algún aldeano, que no quería saber nada con ninguna guerra. Las callecitas, cada vez más chicas, me hacen el mundo cada vez más grande. Y mi frustración, por querer conocerlo todo.

El termo me grita que le cierre la tapa si voy a tardar en usarlo, y al lado del mouse, el mate. Entonces, vuelvo a la Fundación. Joaquín Sabina dice: “al lugar donde haz sido feliz, no debieras tratar de volver”. Cuanta poca verdad. Siempre vuelvo, aunque no me vean ahí, vuelvo. Y vuelvo a preguntarle algo a Nacho, vuelvo a ponerle cara de culo a Mariana al contestarle, aunque me encanta que me pregunte cosas, y vuelvo a verme en los ojos de cada uno de los pibes que corren para adelante y no buscan pase. El Illustrator todavía en blanco, y Franco me pregunta: “¿A qué vamos a jugar hoy?”.

Alguna vez me convencí de que no tenía corazón, y este, explotaba cada vez que los escuchaba discutir, para que yo jugara en su equipo. Renzo me gritaba: “Pero hoy tocala Pollo”, y arrancaba el partido.

De repente, me proponen una oración con palabras en croata, italiano e inglés. Supongo que me preguntan si quiero comer algo, y yo solo sé decir “Ne” en croata, y “Grazie” en italiano. Solo quiero explotar el momento en el que me pongo a escribir. Me cuesta sentarme a escribir, y cada vez que el Illustrator o el Photoshop se transforman en el Word, debo aprovecharlo. Necesito que sepan de mi. Supongo que sigo necesitando esa bandera a cuadros que me deja seguir recorriendo el mundo, y que sabe, que siempre voy a volver, a mi casa, para aprender, para crecer y para sobrevivir a alguna crisis.

¿Crisis?, la Fundación se hizo sobreviviendo a Crisis, con o sin mi. Y entonces, me veo en el acampe, preparando el matecito, con Fran, a las 6 de la mañana, llegando antes, para que Armando se vaya a dormir. Una gota espesa, propone irrumpir en el teclado, pero no voy a dejar de escribir. Sigo tomando los mates fríos, cada vez más ricos.

Paola va a volver en una hora, y todavía no edité mi video de Berlín, no busqué el vuelo a Roma, no le cambié las cuerdas a la guitarra, no empecé a hacer la gráfica del evento en la Usina Cultural, y ni siquiera le cambié la yerba al mate. Vamos a ir a pasear, por Porec. Ayer conocimos un lugar hermoso, mientras le explicaba que Cristina es menos mala que Mauricio, vimos unas playas increíbles, antes de que ella vaya a trabajar. Hoy no sé donde irémos. Porec es chico, más chico que Madryn. Se respíra aire de mar y eso lo hace todo más dificil.
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Pollo multifacético. Santiago Diorio, compañero de la Fundación Ceferino, de viaje por Europa.La música y la guitarra, otros de sus amores.Postales de Moscú, con amigos y la “casaca” de Boca, presente.

Entonces, empiezo con la gráfica, un audio de Jesús, el huertero de la Funda, por Whatsapp, me proporciona la información que me faltaba y ya no hay excusas. Vuelvo al estudio de Video, a reírme con Eugenia, (no de ella, con ella). Marcos me regala algún sarcasmo que esconde su empatía, y Karen me exíge que le explíque Photoshop. Ya no quiere saber más nada con el Photoshop, quiere terminar.

Pongo “Al lado del camino”, de Fito, la canción que usamos para el video Institucional del año 2014, que tanto nos define como institución, y que hoy no puedo evitar escuchar cada tanto, y recordar una de las pocas veces que abracé a mi hermano Ignacio. De las tantas joyas que me regaló la Fundación. Y quiero pelearlo por algo, o preguntarle, si las nenas están libres hoy, para venir a ver una “peli” a casa.

Entonces, comprendo, que todas las palabras, que parecen nostalgia, no son más que felicidad. Estoy donde quiero estar, siempre, y no soy más que lo que soy hoy. Solo espero, que no se enojen, si tardo en devolver el mate.

Nota de la redacción: Santiago se encuentra viajando, algo que hace a menudo. Como vivir intensamente, queriendo. Queriendo vivir, intensamente. Entró un día a la fundación, hace seis años y dejó su estela de linda gente: futbolero, músico, diseñador; cómplice -en el hermoso decir de la palabra- de los pibes, profe en varias área, oficia de cronista para la página de la fundación. También podes seguir sus pasos por Youtube, un mundo en donde se siente como pez en el agua…

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