Juanjo Abregú, un hechicero suelto en la ciudad

Marcos, que la sabe lunga en esto de las canciones, mira y dice, mientras, radio de por medio se comunica con Ignacio que está en la terraza de la #UsinaCultural resolviendo los últimos detalles del sonido:”¿Esta es la primera canción?”. El pequeño-de contextura-, comienza con un solo de violín hasta que larga prenda con “semilla de chacarera”, un tema que parece durar una eternidad.

Suelta el grito de “chacarera” y la ronda surge espontánea: allí están Gael y Tahiel, que en un primer vistazo parecen estar dando vueltas sin saber que destino hay que tomar, y no…están siguiendo los pasos de mamá y se mueven yendo y viniendo, en pasos de puro folclore, con sus cuerpos pequeñitos y sus remeras levantas. También hipnotizan.

Como ese chango de remera simple y melena jugueteando detras de las orejas que va repasando fragmentos de su repertorio, “El ventajao”, “Coplas del Valle”, “La siniestra”, “Así dicen”, “Princesa del alma mía”, van sonando y haciendo subir el tono de la temperatura en el espacio artístico de la #FundaciónCeferinoNamuncurá en donde las peñas tienen su encanto.

Previa

Antes, más temprano, fueron Daniela Sotelo y el maestro Julio Corzo quienes abrieron el escenario con canciones norteñas y sello patagónico. Luego fue el turno de GRITO CHAYERO, conjunto madrynense que viene desandando caminos, con interpretaciones como “La chicharra cantora”, “La algarrobera”, “Gato de la fiesta”, “Cóndor pasa”, para finalizar a ritmo de carnavalito.

A pleno.Un año intenso de trabajo. Tras la presentación en la Fundación Ceferino Namuncurá, los aguarda la fiesta de la energía en Dique Ameghino.Ellos son, Grito Chayero.

El fuego, esos motores que mencionaba Sotelo en el amanecer de la peña de fin de año en la Fundación Ceferino Namuncurá, ya estaba encendido. Como encendido estaban los carbones y las maderas en el patio en donde siempre hay un humo acorde al encuentro popular. O esas pizzetas, de jamón y queso o en forma de vegetales, que llegan al vecino de la mano de los instructores o docentes de la organización que trabaja con niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad desde hace 25 años.

Baila, niño, baila

Entre número y número musical, las mamás embelazadas y los papás(“Vengo a ver a mi hijo. No conocía el lugar que es muy lindo por cierto”, dice en la previa durante la transmisión de La Namunkurá, el padre de un niño que vino a bailar), también, cámara en mano, se prestan a retratar el momento ese que guardaran en máquinas y en corazones.

Salen a escena los integrantes del ballet Pequeñas Raíces, un grupo de niñas y niños, ataviados para la ocasión que miran de reojo a Soledad Domínguez, la profe que “chocha”, los abraza al final.

Copla y Misterio más Grupo Nativo, igual a folclore madrynense

Las mesas, alrededor de la #UsinaCultural sirven de marco para quienes deseen disfrutar de la noche, apenas fresca, mientras observan ahora los movimientos de los integrantes de Copla y Misterio por la pantalla gigante que se expande en una de las paredes laterales del auditorium.

Intérpretes. Los cantantes de Ciopla y Misterio, Edgardo Bayón, y de Grupo Nativo, el joven Franco Reinoso, durante la peña de fin de año de la Fundación Ceferino Namuncurá.

La familia Reynoso aporta varios músicos en el escenario para que suene “Grupo Nativo” en la voz del ya no tan chiquilín, Franco Reynoso que más seriecito y todo le adosa su carisma arriba del escenario: asoman, pues, los temas de Zambas carperas”, “Melodía Viajera” y “Dueño del tiempo”, entre otras. Vestidos de rojo y negro, colores de los ponchos de Don Guemes, Grupo Nativo. deja la piel en el escenario que, ya en sábado dos de diciembre, hierve antes de la llegada del tucumano radicado en Buenos Aires que tiene una agenda colmada hasta que termine enero próximo: el domingo 10 se estará presentando en la #PeñadeMorfi, en Telefe.

Juanjo, ese imán

Quienes estaban sentados, se paran. Quienes estaban parados, bailan. Quienes bailan, invitan a bailar a los que estaban sentados o parados. Y se arma la fiesta. Siempre en ronda.
Y es en esa ronda que Juanjo propone, abriendo su corazón-“porque me abrieron las puertas de su casa, sin conocerme. No nos conocemos y es como sí nos conociéramos”, dice de entrada.-, bailar todos juntos.
Y baja del escenario y se mete entre los que, de alguna manera u otra, le hacen entender su admiración.
Violín en mano, ese instrumento que parece no solo dispone de las veladas clásicas, @JuanjoAbregu marca los pasos y, de pronto, salta.

Entonces, todos saltan.

Hechizados por ese pequeño, solamente de contextura física, de voz finita y grueso talento.

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