Maestros

Se viene el día del maestro. Contradicciones, como la vida misma al margen, nos inmiscuimos en la fecha para homenajear, además de a Carlos Fuentealba, en su nombre, a los maestros apasionados que dan la vida por su profesión, muchas veces apaleada, mal pagada. No es casual que el 24 de marzo de 1976 hayan matado a Isauro Arancibia. No es casual que una de las primeras notas de la radio, en la
Fundación la hicimos a una docente de la escuela Isauro Arancibia de la Boca. No es casual que en tiempos de Macri intendente, los de la Isauro hayan sufrido por mantener su espacio. Ahora, en tiempos de Larreta quieren pasarle por encima una autopista. Como en la época de Cacciatore. No es casual que un mural de Isauro esté adherido en la pared de ATECH, gremio que en Puerto Madryn tiene sus sede en la misma avenida, o calle que en donde está metros más adelante la escuela Rosa de Corea, en donde hablando de estar, está la plazoleta que lleva el nombre del asesinado maestro neuquino. Hoy, cuando la represión estatal está ne boca de todos por el caso Maldonado, hay quienes recuerdan a Fuentealba, en ese pase de facturas de los tuyos, los míos, los nuestros.Muchos anónimos dan su vida, eligiendo las tizas a las balas y aunque suene a frase hecha elegimos que haya más dinero para la educación y menos dinero para la represión, como dice la canción de Karamelo Santo.

La #FundaciónCeferinoNamuncurá nació en la Loma Blanca, en los noventa. Cuando se discutía la ley federal. Se armaba la carpa blanca y el Flaco Spinetta se ponía el guardapolvos. De un quincho en donde habitaban los mal llamados pibes de la calle, a este presente de aulas cálidas en invierno, frescas en verano, el piar de los pájaros, en contacto con la naturaleza. El verde mirar, para donde mires.
Dos “locos” encararon la locura de transformar un quincho en donde, las manos de las cocineras eran fundamentales como irse a las manos, era una costumbre. “Comíamos en las tapas de los envases de helado”, cuenta siempre, en confianza, y en sobremesa, José Urquiza, El Abuelo, uno de esos pibes de la calle que hoy es instructor. Como Mario Raín, otro que anda en silencio, siempre trabajando.

Eran los noventa, casi dos mil, cuando espalda con espalda, Carlos y Chely, maestros en distintas escuelas en Puerto Madryn, la que mira muchas veces para el centro pintoresco, y poco para los costados, encabezaron, proyectaron y pusieron manos a la obra una experiencia única en la región y tal vez, en muchos lugares del país.

“Tenes que ver las clases de Chely”, contó una compañera que gestualizaba con los ojos, aquéllo que sentían los pibes a quienes se les abría la cabeza.

Clases. El último trimestre, de 9 a 12, Carlos Merino, en el aula. Resumiendo, los chicos vieron temas de ciencias naturales. “Cualquier espacio es un aula”, dice el ideólogo, junto a Graciela Gonzalez, de la experiencia educativa, socio-política que transformó a la Fundación Ceferino Namuncurá en un espacio para pibes en situación de calle, en un predio de 3 hectáreas en donde se combinan los talleres, los cursos y la práctica constante de los estudiantes de la escuela 1737.

Sesentón y cascarrabias, 25 años luego, más canoso, Merino absorbe varios roles pero parece que siempre, su lugar en el mundo, está en el aula. En la escuela que concibió(“Cualquier espacio es un aula, un taller, la radio, la cocina¿O cómo enseñaban y transmitían antes los conocimientos? En la calle, o en las plazas. Y así cuando hay que defender a la educación pública, los gritos se escuchan en Rawson porque no puede ser que esta “experiencia esté dentro de gestión privada”. O cuando hay que discutir si los maestros, docentes o idóneos deben tener horas de provincia, se discute y se defiende ese proceso porque, otra vez, “no somos una escuela privada”.

El estado es uno, aunque cambien los gobiernos y aunque haya muchos gobernantes que piensen que la historia, empieza cuando llegan ellos. O se van y vuelven.

La política. Clave en cualquier contexto del aula, sea entre cuatro paredes o en esos espacios que suplen al aula tradicional.

“No hay que politizar la escuela, o las clases. O ser objetivos. O no confundir con la ideología”, dicen los que, por lo general, reciben buenas cartas del sistema político que dicen, los excluye de opinar o de aportar en las clases y en las escuelas.

Hoy, sigue sonando el himno a Sarmiento: “Que dice, con la espada, con la pluma y la palabra…” En ese orden. Pero discutimos si hay que hablar de Maldonado, o las desapariciones u objetamos que en las clases se hablen de política.
La maestra que más recuerdo fue una joven, suplente, quien en el 83, cuando estábamos en quinto grado, emocionada nos hablaba del regreso de la democracia. No recuerdo su nombre. Algo su fisonomía. Se encendía cuando le tarareábamos las canciones de la época. La efervescencia de los más grandes nos llegaba a nosotros, los más pequeños, que cuando íbamos a prescolar nos apretaban fuerte la mano para callarnos, nuestros viejos porque no se podía nombrar a Perón. Año 77. Cinco años. “Desde el jardín se les puede enseñar a los chicos sobre los derechos humanos”, le dice otra joven maestra a Juan, un pibe de 12 que hace notas dentro del proyecto que idearon, amoldaron, soñaron y concretaron Carlos y Chely, que es Chely pero es Graciela Gonzalez, a quien alguna vez los pibes de la 750 la quemaron representada en un muñeco porque parece era brava. Exigente. Y los pibes, ya más grandes te cuentan que las clases eran, de galera y bastón.

Por eso te diferencian estado de gobierno, por eso es “chivo”, como dijo un periodista a Fantino sobre cómo entrevistar a la presidenta.

Perdón, a la ex presidenta. “¿Y quién sos vos para interpelarla? Acaso podés preguntarle”. Y eso nos pasa. Desde donde discutir cuando te combinan el hoy con el ayer, que es el siempre.

Hasta donde pelear por aquéllo que aprendiste en la “escuela tradicional”, si ellos forjaron un PEI, proyecto educativo integral, que hoy quieren debatir en la justicia. Y el gobierno se hace el otario. Sabiendo que ese PEI en donde diez años, atrás se escribió, documentado en trabajos científicos y en otros países que la escuela “menos tradicional” había que modificarla. Y allá fueron con los espacios aúlicos y en los talleres: carpintería, herrería, construcción, parquización. La radio, el estudio de televisión y una usina cultural, en donde las bandas suenan como en el Colón. Y esas bandas suelen ser los mismos pibes de los barrios que hacen sus canciones entre raps, folclore, rock and roll, heavy metal. Danzan los chicos, las chacareras y el gato, cuando la usina se asocia a esas fechas que en la escuela nos enseñaron como fechas patrias: y hay teatro, tambores, guitarras, pantalla gigante, transmisión en vivo, pibes grabando, dirigiendo cámaras, trasnmitiendo en vivo en un dial de la frecuencia modulada en la ciudadc, o para todo el planeta en las nuevas tecnologías.

Por eso en la radio, podés escuchar la hora y la temperatura, un comentario o una canción, mezclados, con una exposición sobre encuestas en la ciudad, o cómo una prueba de matemáticas es simulada bajo un estudio de televisión. O los domingos, sos cómplice como oyente de ese decir sonoro que no reconoces entre los “profesionales” del micrófono. O te encontrás con promociones, o frases, o “yo soy…” y pegadita una explicación radial que no hace juego con los esquemas históricos.
Bueno, todo eso se escribió, se estudió, se investigó, se plasmó.

Floduardo Ledesma, es el nombre de una de las aulas. Miguel Scalli, quien pone su sello al estudio mayor de radio. Mariana Gala, Juan Nievas, Cristina Cabrera, Ignacio Ayerbe, Rodrigo Falcón, Débora Escobar, Carlos Pascuariello, José Roig, son algunos de los que pasaron por el “aula” que luego es taller y más tarde, curso.
Antes, Nora hansen, Alfredo Icardo, Federico del Brio, Hernan Mazzini, Gustavo Cardarelli,Ramiro Minvielle:”Los verdaderos “profes” como siempre son los que se sientan del otro lado. Los míos entre otros, Claudio Llanquetru (“Cuero”) y Adrián Yalataque (“El Chapa”)Ale y Cristian Huincahuel, Tina, Eliana Yalataque, “El Abuelo” y Mario, “La rusa” y el “Alta”. Los Currumil. Facu y Enzo Rocha, los Menéndez y las Aranda, Chirivino, Matias Garay, Maxi y Angel Carruman, Bruno, Loida, Renzo y Ariel, Fabio Antieco, Ale Yancañanco, “Cachimba” y Mariela Gónzalez, en tiempos lejanos y hoy todos los que están sentados”, cuenta una “seño” de perfil tan bajo que ayuda en la memoria pero no quiere marquesinas ni carteles electrónicos.

Desayuno, aula, deportes, almuerzo, talleres de parquización, herrería, carpintería, construcción, granja, huerta, alambrado, mantenimiento, merienda, comunicación que es radio, gráfica y televisión, expresión que es dibujo, danza, circo, teatro y música.
De 9 a 19.

“¿Sabés quiénes queman las escuelas en Buenos Aires?” Nos dijo, una tarde, en Radio Escuela Namunkurá, Ricardo Tapia, cantante blusero: “Los narcos. Porque son competencia”.

Por ahí está Juan Mellado y su recorrido por todos los rincones. El que hace las compras, busca a las herramientas, las enseña a utilizar, es chofer, jugador de fútbol. Esther, su compañera, que no quería saber nada con la Fundación y desde hace unos años es la que alimenta a todo el batallón. O Bruno, el “primero en la familia que recibió un título”, otro Mellado, integrante de la primera camada de egresados.

La historia es enorme.

Apasionante.

Ahí están los pichones, Carla, Lautaro y Luisina, que se criaron entre las piedras y el cemento, los yuyos hechos huerta, o las chatarras convertidas en chulengos o canastos para la basura.

O Ignacio, “Solcito”, según el apodo que le quedó para siempre, puesto por Renzo, otro Renzo al que también, ahora, en estos tiempos, le saca chispa a la chispa. Que te arregla una compu, o descula una consola, o pone las sillas, mientras manda un wasap y prepara el sonido, al tiempo que corrige los boletines o diagrama el periódico, que el mismo va a buscar a la terminal cuando está listo.

Los más nuevos: Jesús y la huerta, El Chuly y la radio, las plantas, las luces, como un comodín, Rolo y su barba tupida repartido entre el laboratorio, los vestuarios de fin de año, la siembra y la cosecha, El picante que es gamba de los pibes y corre en la cancha como en el centro haciendo trámites o dentro del predio buscando y encontrando una solución. Esther, Yanina y Eva que miman desde la cocina y ambientan con aromas las aulas y tienen el récord de tortas fritas, seguramente. Melisa y Paula, prestas para escuchar, hacer informes y ser el puente necesario con las familias. Eugenia, Fabio, Cecilia, Mariela, Marcos, Jorge, Facundo y Julio para publicar, corregir, desaprender, poner al aire, cambiar el chip de la comunicación y ponerse, este, mucho más integral.
Y en este recorrido son nombres, hombres, nombres, mujeres, nombres, pibes, nombres, instructores, nombres, ayudante, nombres, colaboradores, nombres.

Ensayo y error. Vuelta a empezar. Pelear. Adentro y afuera. Afuera sin que te entiendan. Sin que tengan ganas de entenderte. Sin importarles tener ganas de entenderte.

El 11, contradicciones mediante, saludamos a nuestros maestros. A los pibes que nos enseñan y a los que marcaron el rumbo.
Allá en los noventa que, como ahora, la mano venía torcida y ni aún así se extravió el objetivo.

#FundaciónCeferinoNamuncurá#Unespacioparaserunomismo.

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