Dia de la independencia (en España)

(Santiago Diorio, corresponsal, España)

Comienza el 9 de Julio, son las 5 de la mañana, y el sol, del día de la independencia Argentina con España, se asoma de a poco. Me miro, y pienso, “me olvidé la escarapela”. Seguidos instantes me lo reclamo, como culpándome de perder un poco de sentido de pertenencia. Vuelvo a mirarme… mi ropa, toda blanca, en mi cuello, un pañuelo rojo. “¿Cómo pude olvidar mi escarapela?”. La había hecho el viernes, con dos pedacitos de cinta bebé, que conseguí en lo de los gitanos que venden tela. Una tira blanca, una celeste, doblez a 45 grados, alfiler y estaba ahí. Mi identidad. O al menos, pensaba, que equilibraría un poco el estar acá.


Corrida. El “pollo” te cuenta mientras camina rápido.

Pero acá estoy, sin mi escarapela, me la olvidé, y estoy cuidando lugar para poder ver los encierros de San Fermín, en Pamplona, que serán a las 8am. A mi alrededor, miles de personas ebrias y sobrias, guardan su lugar también, y hasta da la sensación, de que en un rato voy a tener que empezar a pechar un poquito, para no perder mi lugar.
Hace tiempo, desde que conozco lo que pasa acá, que me genera controversia todo esto, pero necesitaba conocerlo. Necesito conocerlo todo. Hace un par de meses había ido a las corridas de toros en la Plaza de Ventas en Madrid, y lo que vi ahí difícilmente sería superado por esto. Aunque las “corneadas” como se las llama acá, son imágenes que dan la vuelta al mundo, esta tradición tenía que ser más que eso.


Experiencia. Santiago Diorio nos sigue contando su periplo europeo. Ahora, la independencia desde España.

Los minutos pasan, no hace frío, no lo hizo en toda la noche, que pasé despierto, pero me faltaría un mate. Sería el momento perfecto para un verde. Este sí que no lo traje por decisión propia, no traje equipaje, y no tenía espacio, solo vine por un día. Hubiese ayudado en el equilibrio patriótico seguramente, pero no era práctico, y las calles de Pamplona me contaron, que hay multa para todo lo que no lleva alcohol. Yo siempre en el afán de respetar la ley, tuve que sacrificarme. “9 de Julio, y estoy sin mi escarapela y sin mi mate, en una de las Fiestas más tradicionales y controversiales del país del que nos independizamos”, pensaba. Pienso entre comillas porque pienso diciéndome. Me digo todo el tiempo, hablo conmigo, y nos ponemos de acuerdo. Pensé mucho el venir acá, incluso, hasta pensaba en correr, por vivir la experiencia. Un amigo, bueno, mi único amigo español, me había dicho: “Si tu corres en los Sanfermines, mucho gusto, hasta aquí llegamos”. Por eso, constantemente, vuelvo a la conclusión de que es impreciso generalizar a los pueblos.

Me acuerdo, del 2 de Abril, y me digo: “parece que las contradicciones me persiguen” o quizás, están queriéndome explicar algo. El día de los Veteranos y los caídos en la guerra de Malvinas, yo estaba en Marruecos, y me alojaba en la casa de Gari Sullivan, un Inglés de 65 años, viajero, que se había enamorado de los países árabes, se había quedado a dar clases de inglés, y estaba fundando su escuelita para chicos con necesidades, allí, en Rabat. “Pedazo de Inglés conocí hoy, hoy, 2 de Abril”, me dije ese día.

Así que acá estoy, entre personas de todos lados, entre lados llenos de personas, donde no cabe nadie más. Los que se codean envidian a los que se suben a los balcones, y los de arriba, a los de abajo, porque no llegan al africano que vende cerveza. Un cántico comienza a copar la cuesta de Santo Domingo, los corredores convocan a la corrida, y un fuego artificial anuncia que algún portón se abrió al otro lado de la esquina.

La secuencia se da en cámara lenta, por suerte, mi celular está grabando en tal modo, porque todo es un instante, de esos largos. Los corredores, miran para adelante y para atrás, se chocan entre ellos, se caen, se levantan, se cuidan, se gritan y se guían. Algún entraño amor por lo que están haciendo los une. La gente afuera, los de ahí, sienten el momento, los acompañan, y los que vinimos a ver, bien calladitos nos quedamos. La potencia de los toros al correr, los músculos que se contraen y los cuernos que buscan envestir a alguien. El susto, la adrenalina y los dos minutos que dura todo, no sé. No sé, pero hay que ir a verlo. Hay que verlo todo.

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